Al comenzar a participar de varias presentaciones en el Hospital Borda empecé a pensar ¿por qué motivo seguíamos en el 2011, en Argentina, en un Hospital Público, utilizando este dispositivo? Y esto me llevó en primer lugar a analizar su uso dentro del Psicoanálisis y la apuesta del mismo, ya que en este sentido la presentación de pacientes sería propuesta por el psicoanálisis como un dispositivo de transmisión que puede ser pensado como eje de una experiencia diferente, una experiencia que no esté centrada ni en la mostración clasificatoria, ni en el saber médico respecto al objeto-paciente, o su experimento. Esto sería tratar de corrernos de lo que habitualmente se hacía en el modelo médico, pues no se trata para nosotros de presentar casos típicos o hacer una semiología psiquiátrica, sino más bien escuchar a pacientes que plantean problemas de diagnóstico, de pronóstico, de tratamiento, etc.; es decir, partimos de obstáculos que tienen una vigencia en la actualidad y no de un saber constituido.
Pero, la “actualidad”, que destacaba, tiene que ver con que “el loco”, incluso solo por su diferencia, nos sigue haciendo pregunta, y es mejor soportar esta verdad en conjunto (que no hay una respuesta, o al menos no una sola) haciendo uso de las herramientas que nos permitan no estigmatizar a ese otro que sufre, sino apostar nuevamente a una escucha que dé cuenta de alguna subjetividad en juego. La apuesta sería en última instancia intentar mantener aún hoy las preguntas abiertas, y parece que con este dispositivo se lograría.
Para analizarlo debemos entonces advertir que está compuesto por varios partícipes:
- Un paciente, que es traído por las personas que tienen a cargo su tratamiento (el psicólogo, el psiquiatra o el servicio tratante del hospital) y vienen con los interrogantes que este paciente les plantea.
- Un psicoanalista, que realiza la presentación y al que en el mismo momento se le dan los datos básicos del caso. (presentador)
- El público, que en un primer tiempo (mientras se desarrolla la presentación) podríamos establecerlo como el tercero silente, que no tiene ahí participación activa: el público que escucha. En un segundo tiempo (una vez que concluye la presentación y el paciente se ha retirado) deberá aportar aquello que ha escuchado.
Analicemos ahora plásticamente las funciones de estos colaboradores:
Del presentador es importante destacar algunas cuestiones que tienen que ver con lo difícil y específico de su posición, ya que se trata de una apuesta; aquí, quien realiza la entrevista, expone sus habilidades y sus errores en un saber hacer la presentación, intenta lograr la confianza del paciente y orientar su intervención de la manera más eficaz. Lacan expresaba que la posición del entrevistador debía ser "una suerte de lentitud al comprender" (resistencia a comprender), o sea, intentar que el paciente se esfuerce todo el tiempo por hacerse entender, a veces esto se logra más, otras veces menos.
A mi entender para que algo de esto ocurra el presentador y el público (que también debe lidiar con su “saber” para poder también dejarlo en suspenso) tenemos que poder asumir la posición de aquellos que aceptamos ser enseñados, y esta es una enseñanza que se adquiere con la práctica; un acontecimiento que se vive y del que se aprende algo. Además, con el dispositivo se intenta que esta enseñanza implique una transmisión, y solamente hay transmisión en la medida en que el discurso (analítico) hace lazo entre los miembros de una comunidad.
Y ahí entramos nosotros como participantes, somos testigos de un diálogo entre dos, y nos dejamos atravesar por la experiencia, que es algo vivo que se construye ahí palabra por palabra, en el dicho y el decir.
Por último, los pacientes, estos que muchas veces aceptan ser presentados aunque no van al hospital para eso, pero consienten sabiendo que tal vez encontrarán un público atento a sus problemas, un testigo de su padecer o a veces a quien agradar. Pero serán los propios pacientes los que a través de su relato nos harán cuestionar y repensar el “saber instituido”, acerca de su estructura y sus posibilidades de tratamiento. Intentaremos luego establecer cuál es la relación de ese sujeto, con su cuerpo, con el goce, con el lenguaje y palabra (fenómenos elementales, delirios) y con los otros, con sus semejantes. Tal vez situar el momento de desencadenamiento de la psicosis, ese momento de perplejidad al cual luego se le sumará la interpretación delirante que el sujeto construirá o no, según sus posibilidades, etc.
La apuesta del psicoanálisis consiste en el respeto a la dignidad de un sujeto que habla de lo real de su sufrimiento.
¿Que el presentador haga intervenciones tendrá un objetivo? Yo creo que tal vez se intenta intervenir apuntando a aquello del sentido que hace ruido por su fijeza o por el contrario por su labilidad, con el fin de llegar a crear nuevos efectos de sentidos. Esto permitirá la posibilidad de una nueva inscripción y ordenamiento de los signos que se despliegan, al situar en primer plano al sujeto que los articula en su estructura misma. Incluso nos permitirá pensar de una manera diferente a ese sujeto que nos cuenta su padecer, su vida.
Es que seguimos usando este dispositivo porque apostamos, apostamos aun hoy, a la dignidad de cada sujeto, a reconocer que lo vivo es la palabra del paciente, ya que es ahí mismo donde el sujeto se manifiesta, se articula y donde tal vez podemos pensar más allá del diagnóstico por el cual es medicado o tratado; se nos abre la posibilidad de pensar en su posición subjetiva y en sus posibilidades de anudamiento, que para cada uno de nosotros serán diferentes.
Lic. Florencia Fracas
Miembro de EntreLíneasPsi