martes, 17 de enero de 2012

Organizaciones y Empresas: ¿Qué hacemos con el Malestar?

EntreLienas Propone diferentes dispositivos de trabajo para aceptar y trabajar con el Malestar, que es inherente al ser humano y que ante ciertas situaciones puede verse notablemente acrecentado.

Para acercarnos a la propuesta de nuestro trabajo comenzaremos con una pregunta:
¿A qué nos referimos cuando hablamos de Malestar? O más específicamente, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Malestar Institucional?
Para respondernos  tomaremos, en primera instancia, el texto de Sigmund Freud “El Malestar en la Cultura”. En este texto Freud explica que el ser humano tiene tres fuentes principales de sufrimiento, a saber: la hiperpotencia de la naturaleza, la caducidad del cuerpo (muerte) y la insuficiencia de los métodos para regular las relaciones con sus semejantes. 
En lo que a las dos primeras se refiere, los seres humanos se ven obligados a reconocerlas en tanto inevitables, pero frente a la tercer fuente de origen social el ser humano debe hacer cierta renuncia de su satisfacción (pulsional) para convivir en cierta armonía con sus semejantes. Dicha renuncia comienza por el orden sexual, sublimándolo para servir a fines socialmente aceptados. Esto es proteger al hombre contra la naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí, debido a que el ser humano por naturaleza es hostil. “Evidentemente, al hombre no le resulta fácil renunciar a la satisfacción de estas tendencias agresivas suyas, no se siente nada a gusto sin esa satisfacción.”[1]

El pasaje del poder individual al poder de la comunidad es un paso cultural decisivo, consiste en que los miembros de una comunidad se limiten en sus posibilidades de satisfacción. El siguiente requisito cultural será que el orden jurídico que se estableció no se quebrante a favor de un individuo.   
Por otro lado Kaes en su texto de “Realidad psíquica y sufrimiento de las instituciones” sostiene que la institución precede al sujeto y le da la posibilidad de inscribirse en lo simbólico, y que lo social es estructurante del psiquismo individual.  La institución es lo más íntimo y propio del sujeto ya que es el núcleo del inconciente.  A la vez este autor dirá que la institución es lo más externo al sujeto, lo estrictamente social.  El sufrimiento se relacionará entonces con aquello que hay de institución en cada sujeto en particular, es decir, la renuncia pulsional y la reciprocidad(término que implica una relación vincular que asegura desde la identificación de cada sujeto, una pertenencia del mismo al colectivo social).

            En resumen, como nos adelantaban Freud, y Kaes, el malestar es inherente a la inserción en un sistema social, a través de las organizaciones e instituciones que lo conforman -que son absorbentes pero también estructurantes-, e implican siempre un cierto grado de renuncia, “un abandono o borramiento de una parte de la realidad psíquica propia del sujeto singular”[2], en pos del bien común. En ciertos casos esta renuncia resulta extrema, en tanto se pierde no sólo la capacidad de sostener las propias ideas o emociones, sino tambien la capacidad de reconocer o registrar ciertas situaciones de malestar, con una imposibilidad de cuestionarse y repensar la propia posición y la propia implicación, no solo en el sufrimiento, sino en la manera de reducirlo.

En última instancia hablar de malestar en el ámbito laboral e Institucional, es un intento de sacar a la luz las situaciones de sufrimiento, que muchas veces no son expresadas verbalmente, y sin embargo acarrean efectos en el sujeto, en el grupo y en la organización.

Lic Florencia Fracas
EntreLineasPsi

jueves, 15 de septiembre de 2011

Presentación de pacientes Julio 2011 (en el Borda)

Notas sobre una presentación

El paciente viene hablando con el presentador, incluso antes de entrar, sobre su secundario. Comenta que en las materias le iba bien: “brillantes, en todo lo que tiene que ver con arte y literatura.” Sin embargo en otras, como matemática, no se explica por qué le iba bien.
Habla de sus gustos, ligado a eso del arte y la literatura, también de la música clásica.
Entonces deriva a sus padres, “me tuvieron de grande, a la edad de 45, los dos. Mis primeros recuerdos son de los 5 años. Fueron padres un poco desfasados en la edad.”
            Comenta entonces sobre la Facultad de letras; dice no tolerar a los alumnos lerdos e incompetentes. “Soy absolutamente intolerante ante la lentitud y la impericia.”
            Por eso toma como un examen de aptitud intelectual a sus amigos: “No me relaciono con estúpidos e incompetentes.”
            En eso cae en él y se compara con la hermana. Él, para la beca, no llegaba, sacaba solo miserables 4 o 5. En cambio la hermana era una bestia; su promedio sería de 9,85. Trabaja en el CONICET. Ella era su mayor influencia. Por eso quería hacer la misma carrera exactamente.
            En su recorrido en la carrera había materias que le resultaban soporíferas, como Literatura Española del siglo…. “Abandoné en segundo año. No tenía promedio para entrar al CONICET… mi objetivo.”
            Luego de abandonar estudió por su cuenta, lo que le gustaba: el simbolismo francés, el surrealismo, la filosofía alemana, Hegel, Kant, “los imperativos categóricos.”
            Frente a este plural del imperativo el presentador interroga. La elaboración del paciente dice que estos están constituidos por: “la tiranía de las mentes intelectuales, Dios, la naturaleza.” “No se consensuan, son a priori.”
            Se vuelve a interrogar sobre esto, y el paciente da un ejemplo: no importaría el plebiscito. “Si todos votaran que hay que matar a los peruanos, los paraguayos, los chilenos, los uruguayos, no importa, no se puede consensuar el genocidio, aunque haya voto. Como con Hitler.”

Trabajos:

Escribía poesía, trabajaba. No trabajaba bajo patrón, lo hizo una vez, duró un solo día. Se considera incapaz de hacerlo.
            A sus 25 años vendía ropa. De eso pasa a decir que trabajó con una fundación de lucha contra el SIDA. Se necesitaba gente con buen spech. Le daban unos bonos explicativos, sobre mitos y realidades del SIDA. Vendía el panfleto a $1. Fue en los años 90.
Dice haber nacido en el 60.


Su relación con la droga:

Marihuana
Fue por un amigo, le preguntó si quería experimentar con la droga. Entonces lo hizo con la marihuana. Considera que no es adictiva. Y lo justifica con un basamento sobre lo que figura en la O.M.S., según ésta entraría dentro de las drogas blandas.
            Incursionó en la marihuana para emular a los poetas franceses, que él, al principio no sabía, se lo dijo este amigo, que ellos consumían hachís, alcohol. Existiría una proporción de 1 a 8 entre la marihuana y el hachís. Poetas franceses como Baudelaire. “Experimentar científicamente, escribir bajo consumo.” Cita a un escritor: (Kencey?)
La marihuana “se adaptaba a mi personalidad. Pasaba por los estados de euforia, hilaridad, vuelo imaginativo, y cuando me estaba quedando dormido, estimula el apetito.” Comenta que en E.E.U.U. la utilizan junto a la quimio (quimioterapia), en hospitales públicos, pues la quimio reduce el apetito, y la marihuana lo abriría.

Alcohol          
El alcohol lo empezó a consumir a los 24, 25 años. Borracho, con disciplina borrachera. Tomaba cerveza, “mucha cerveza”. La cúspide del alcohol la tuvo en el año 2004, 2005. En esos años tomó los “volúmenes más altos de alcohol.”

Otras
            “No consumí 2 días seguidos la cocaína.”

Un año fatídico:

            En el 2003, sin considerarse adicto, tuvo un ataque de pánico. Lo describe perfectamente como está en el D.S.M. IV. Aceleración del ritmo cardíaco, mareos, muerte inminente, palpitaciones; estaba “poseído por ese tipo de síntomas”.
Primero va hasta el Álvarez, “me trataron muy mal, no me dieron pelota.” Se va entonces al Piñeiro. Lo atiende un tal P., le dice “usted sufre de ataque de pánico”.
            Se le pregunta para que historice el ataque de pánico. “Se presentaron súbitamente (no fue uno solo, sino varios). Yo necesitaba emborracharme para que se me fuera. El pánico era constante.” Comenta sobre los efectos de la droga que le dieron, el Clonazepam; depresor del Sistema Nervioso Central, que lo equilibra.
            Siguió tomando cerveza pero ahora con fines placenteros, recreativos, no terapéuticos.

Vuelta al trabajo (la facultad):  
  
            Dice que cuando le pasó esto trabajaba en la facultad de X. Se dio cuenta que era una truchada lo del bono, que no le llegaba a la gente enferma de SIDA. Alguien lo contactó, en ese entorno, que tenía un trabajo en la facultad. Vendía artículos de librería. 

Militancia:

            Entonces dice que militó en el Troskismo, en Filosofía e Izquierda… y Letras (se corrige).  

La droga en la facultad y el trabajo:

            Tomaba alcohol y marihuana, “me agradaba ambos efectos. No me equivocaba, no me estafaban, consumía mientras atendía. Estaba curtido.”

Internación:

            Fue en el 2006, los primeros meses. Antes de la misma tomaba 3 cervezas a la noche, pero compraba 4; la cuarta la guardaba en un balde de agua fría, a la mañana siguiente se prendía un faso, hacía fondo blanco. Luego iba hasta el almacén, se tomaba otra en la puerta. Y luego a la facultad, donde se tomaba 2 más.
            La primera vez dijeron que no lo podían atender, que vaya al CENARESO. Pero no había cupo. Fue con la hermana, y por una conocida pudo internarse acá (en el Hospital Borda). Dos semanas. Dice que dejó de tomar alcohol luego de la internación. Que iba a grupos de alcohólicos anónimos, que estaban en un local que prestaba una iglesia.

Intento de suicidio:

            En el 2008 intentó suicidarse, se tomó 50 pastillas de somníferos. “Desconozco las causas.” “Había perdido mi brillantes para escribir. Fracasado en las parejas que tuve.”
            Desde ese tiempo que está acá. Le dan psicoanálisis, medicación, “confío en la ciencia médica”.

            Se considera “fuera de toda adicción. No consumo alcohol, ni ningún tipo de droga. Se van a cumplir 5 años.”

Gustos:

            Escribir aforismos, “no, son muy largos”. Poesía.
            Jugar al ajedrez. Se considera un jugador profesional. Juega desde los 12 años. Eso es tan importante como la literatura, la novela.
            Estuvo en distintos lugares, en uno, Jaque Mate, estuvo hasta que murió el que la presidía, que era con quien se llevaba bien.
            Comenta un partido emblemático, donde se asustó, “simplifiqué la partida, y fuimos a tablas. Él tuvo un error teórico, castigué el error teórico, que yo sabía por los libros.” Su contrincante, Luis Bronstein.

Alta:

            Se le consulta sobre las expectativas de alta. Dice que viviría en un hotel, gracias a una pensión por discapacidad. Dice tener unos primos en Lanus, aunque rompió la relación. Amigos, solo uno, H., de vocación poeta, filósofo, ensayista, le queda de la adolescencia.
            Sobre el jefe de servicio dice que tuvo “un acto de sobreprotección, me irrita, me impone un acompañante, me pone como imbécil.” Ahora es un sobrino y una sobrina quien lo acompañan, a los que destina el 40 % de sus ganancias, “yo quiero llevar el 100%, todo el dinero que produzca. No necesito acompañante, pero me lo imponen. No me queda alternativa.”
            Se le pregunta cómo ve el futuro y contesta: “confío en que voy a poder seguir adelante.”

Vuelta a los gustos (escribir):

            Comenta que ahora está escribiendo aforismos, pero luego dice que no, que siempre se los confunde. Que aforismos son frases breves, y que no es ensayo, que es más largo. Él lo llamaría Notas. Notas de carácter filosófico, literario, ajedrecístico.

Vuelta a la militancia (su historia):

            Estuvo militando en el Partido Intransigente, con Oscar Alende, pero se fue cuando se unió a Menem. Siempre se consideró Troskista, desde los 20 años, que militó en el MAS, de Samora. Dice de este que es conocido de él, amigo, semiamigo, “no voy a tomar cerveza y comer superpanchos.”
Pero la izquierda siempre fue sectaria, dividida. Con el MST vió que se peleaban por los cargos de la lista, y lo decepcionó. Luego se unió al Partido Obrero, del que es afiliado. “Más limpio.” Considera que como vendedor no puede exhibir partidismo, “que pueda generar enemigos, enemistad, para que se reduzcan las ventas.”

En el servicio:

            Comenta que lo atiende M., “la cabeza del equipo psicoanalítico que me atiende. Un batallón.” Que le hace bien, “mucho más que la medicación. Salvo a la noche, que no puedo dormir. El Clonazepam, si dejo, me agarra síndrome de abstinencia. Estoy seguro que me volvería el ataque de pánico.”
Lo único es que el Clonazepam disminuye el deseo sexual. “No me interesa tener sexo, ni con hombres ni con mujeres. Mis testículos no generan esperma, y si no hay esperma no hay deseo sexual, espermatogénesis.”

Lic. Nicolas Cerruti

martes, 16 de agosto de 2011

Hoy traje la compu… ¿jugamos?


En la actualidad muchas veces nos encontramos en el consultorio con jóvenes que han sido atravesados por la tecnología desde su nacimiento mismo. Son ellos, los nacidos a lo largo de la década de los noventa, los llamados “nativos digitales”, los que han sido socializados culturalmente bajo la influencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (T.V., Cable, Internet, celulares, redes sociales, videojuegos, etc.). Esto implica que presentan una subjetividad que responde a este atravesamiento, y una serie de rasgos de comportamiento social y cultural diferenciados respecto a los niños y adolescentes de décadas anteriores.
Incluso podemos detectar que ya no hay un exceso de televisión en estas generaciones, sí un exceso de videojuegos, es un exceso que deja sin lugar también a otras actividades.
Por eso no es raro que al momento de jugar estos niños, púberes o adolescentes, nos demanden comprender su “lenguaje”, esto es, incluyen en su espacio un elemento familiar y cotidiano de su vida como lo es por ejemplo la computadora.
Claro está que nosotros proponemos otros juegos -y los jugamos-, ofertamos la palabra y escuchamos, pero no podemos desconocer a estos niños y jóvenes que desde su subjetividad nos acercan y comparten con nosotros este aspecto lúdico que la cultura-tecnológica les propone. Así podemos percibir que hay una preponderancia de la imagen (lo imaginario además) por sobre la palabra (y los recursos simbólicos también). Casi una transformación de las palabras a las imágenes, con el reduccionismo que esto implica, ya nombrado sabiamente por la sociedad en el dicho “una imagen vale más que mil palabras”, o sea, una imagen, más de mil palabras menos.

Sin embargo en este tiempo he constatado como estos niños y jóvenes pasan de jugar solos a jugar en grupo, por ejemplo en juegos de internet; cómo generan personajes con los rasgos que los representan (sean identificatorios, familiares o no), cómo cambian esos rasgos a medida que van definiendo una nueva (o alguna) posición subjetiva; cómo pueden intercambiar personajes, al estilo de los juegos de rol (jugar a perder las identidades). He visto concentración, intentos de superarse, aprender nuevos trucos, resolver los problemas que se les plantean, encontrar una manera inteligente de ganar o salir mejor posicionados, y también cómo esta información es compartida con otros jugadores. He verificado por último cómo pasan de ser participantes de un juego a querer modificar el entorno del mismo, incluso crear un juego propio. En fin, estas generaciones portan un saber hacer con esta virtualidad, en la que intentan en última instancia hallar la lógica que subyace al juego, y por qué no, también al mundo mismo que los rodea.

Sin lugar a dudas es una encrucijada, porque son estos mismos juegos los que en algunas oportunidades generan la idea de que la violencia es la única respuesta posible ante ciertas situaciones, invitan a distorsionar las reglas sociales, a generar una postura discriminatoria o excluyente de las mujeres, alientan una visión caótica del mundo, a pensar que todo comportamiento es válido aunque éste implique un delito. Mucha de la publicidad que se hace de los videojuegos se basa en la violencia y la transgresión que proponen como “la realidad”.

Por eso creo que no solo se trata de qué acceso tengan a la tecnología, sino como nosotros los adultos podemos acompañarlos, para ordenar, explicar y proveer los significados y valores formativos, que les permitan en parte elaborar estas “imágenes” y “mundos virtuales”, algo de lo real y la realidad en juego (y del juego), en cada tiempo del sujeto.

Pero ¿cómo podemos pensar nosotros, analistas, en nuestro espacio este otro territorio, esta virtualidad que la tecnología nos provee, que nuestros niños y jóvenes habitan?
Propongo un ejemplo para comprender con qué podemos encontrarnos y cómo podemos trabajarlo:

C. Me cuenta que trajo la computadora. Me pregunta si puede usarla para mostrarme algo en relación a lo que conversamos la sesión anterior. Le digo que sí. Me cuenta en detalle lo que sucedió ayer en el juego que comparte con un grupo de amigos y otros miles de chicos de todo el mundo. Describe la escena, sus sensaciones y reacciones, me relata con detalle la creación de su personaje, sus motivos para elegirlo, lo que lo representa en él. Luego se detiene en las características y el escenario y relata con mucho placer el inicio del juego, a modo de una “antropología” de los personajes y sus objetivos.
Como me intereso, le pregunto y observo en la pantalla de la computadora lo que me está mostrando (la imagen de su personaje, los escenarios, los otros, las armas, etc.), esto lo lleva a considerar contarme, como si fuese un recuerdo oculto y latente, otros personajes que no compartía con nadie y ahora lo hace conmigo.
Se ve bien que esta virtualidad constituye, en el juego que C. utiliza con el aditamento de la tecnología, la descripción de lo que Freud nombraba como “otra escena”, ya que, de difícil confesión, reúne los deseos más íntimos, se arma como una ficción posible. 
A partir de ese momento el juego que convenimos en ese período del tratamiento incluye el mostrar las imágenes (videos de música, de risa, juegos, partes de capítulos de series) y construir un relato de las mismas, la palabra, pasar de la imagen a la palabra. De esa manera se van “mostrando” los intereses de C. sobre las cuestiones que lo implican, llámese sexualidad, la diferencia con el otro sexo, la muerte, los otros pares, lo bizarro de la sociedad, etc. Acompañado C. puede poner en imágenes y luego en palabras su realidad y la percepción del mundo que lo rodea, para poder ubicarse en él.

En fin, lo importante de alojar esta virtualidad para nosotros es reconocer que para esta generación, y sin perder de vista el “caso por caso“, los videojuegos y lo tecnológico pueden llegar a significarse como esa “otra escena” que Freud refirió en relación al sueño, para introducir mediante lo lúdico, otra forma de nombrar el inconsciente y como tal la existencia del sujeto, para permitirle hallar un lugar.

Lic. Florencia Fracas
Miembro de EntreLíneasPsi












miércoles, 3 de agosto de 2011

J.Lacan- Presentación de la señora Brigitte B.

Hospital Sainte- Anne, París, 9 de abril de 1976

Señorita Brigitte B:
…la proximidad sentimental.
Dr. Lacan:
¿Es por mí?
Señorita B.:
Claro, es para usted. Me quieren valorizar.
Dr. Lacan:
¿La quieren valorizar?
Señorita B.:
Es cierto que me quieren valorizar, es cierto.
Dr. Lacan:
Entonces, dígame la idea que tiene de su valor, porque no tiene necesidad de valorizarse. Usted tiene su valor.
Señorita B.:
Si tengo realmente un valor tiene que ser reconocido por los demás. Si no estoy reconocida por los demás uno tiene el sentimiento de inferioridad.
Dr. Lacan:
Es eso, entonces. De todas maneras estoy aquí para eso, para valorizarla.
Señorita B.:
Usted está aquí para valorizarme. Qué amable de estar aquí.
Dr. Lacan:
Está bien para usted.
Señorita B.:
No lo puedo creer ¿puedo creer lo que usted dice? Puedo imaginar que usted me está escondiendo algo. Alrededor suyo, yo ya no sé. Esto no tiene importancia que yo sepa. De todas maneras Jacques Lacan u otra persona, no tiene importancia
Dr. Lacan:
Es igual ¿dígame cómo y por qué  llegó a su idea?
Señorita B.:
¿Por qué estoy aquí? Porque siempre tengo problemas con mis patrones. No acepto que un patrón me dé órdenes cuando hay un trabajo que hacer, que me impongan horarios. Me gusta hacer lo que quiero.
Dr. Lacan:
¿De qué patrón se trata? Porque oí hablar un poquito de usted. Me dieron algunas pistas de lo que le pasó. Dígame ¿de qué patrón se trata?
Señorita B.:
Del último.
Dr. Lacan:
Sí ¿cómo se llama?
Señorita B.:
M.C.
Dr. Lacan:
¿Quién es?
Señorita B.:
No sé. Creo que es médico.
Dr. Lacan:
¿Por qué cree usted que es médico?
Señorita B.:
Porque me parecía que tenía una comprensión hacia mí y hacia su hija adoptiva.
Dr. Lacan:
¿Tiene una hija adoptiva?
Señorita B.:
Él aceptó los hijos de la madre; se casó con la mujer, puesto que  él ama a sus hijos, aunque los hijos no le hacen caso. Es la hija epiléptica.
Dr. Lacan:
¿Se trata de una niña?
Señorita B.:
No es una niña. Es una adulta pero fue niña antes.
Dr. Lacan:
Explíqueme lo que le pasa a esta niña.
Señorita B.:
Hay varios jóvenes.
Dr. Lacan:
La muchacha epiléptica.
Señorita B.:
¿Qué quiere usted saber?
Dr. Lacan:
Quisiera saber si usted asistió a alguna cosa que parecía una crisis.
Señorita B.:
No se parece, es una crisis. Es una crisis epiléptica.
Dr. Lacan.:
¿Qué es lo que pasa?
Señorita B.:
El sujeto tiene un malestar, se cae al suelo y tiene un malestar, se agarra un poco a lo que…
Dr. Lacan:
Explíqueme bien. Sé que usted atendió niños…
Señorita B.:
Inadaptados. En los hospitales psiquiátricos con su pequeño empleo se vive bien. Se escoge el empleo porque uno cree en él.
Dr. Lacan:
¿Usted piensa que estuvo a punto de ser catalogada así?
Señorita B.:
Supe de los estados de niña enferma. Hubo lectura, yo veía diferentes personajes, veía sobre todo los niños enfermos.
Dr. Lacan:
¿Eran niños los que usted veía?
Señorita B.:
En St. Chéron.
Dr. Lacan:
Explíqueme ¿fue hace mucho tiempo?
Señorita B.:
Hace cinco años.
Dr. Lacan:
¿Qué es lo que la impulsó a ir a St. Chéron?
Señorita B.:
No sé. Buscaba un cambio total, un cambio simplemente pues, un cambio de valores justamente. Quería otro empleo; estaba en mi opinión no muy apreciada. Estaba forzada a irme. Era la persona temporal que reemplaza a otra, tres  semanas en una parte, un mes en otra parte, un mes y medio en otra parte. Aquí yo no reemplazaba a nadie, estaba bien  tranquila.
Dr. Lacan:
En St. Chéron lo que recuerda más es que estaba bien tranquila.
Señorita B.:
Antes de St. Chéron estaba muy tranquila. Justamente, precisamente durante St.Chéron me trajeron. Tenía problemas.
Dr. Lacan.:
¿Quién le dijo eso?
Señorita B.:
Disculpe ¿puedo tomar un vaso de agua?
Dr. Lacan:
Claro.
Señorita B.:
Sé que hay gente alrededor de mí pero lo olvido  completamente.
Dr. Lacan:
Sí claro, lo importante es al menos…
Señorita B.:
Lo importante, es la rosa (canción de Aznavour), la flor de la gavanza.
Dr. Lacan:
¿Es eso lo importante? Dígame ¿cuál es la importancia de la flor de la gavanza?
Señorita B.:
Es una flor, una linda pequeña niña. Caminando por los caminos noté al pasar al pasar las moras, las ciruelas, los frutos en los huertos. Hice paseos en bicicleta. Era un poco como la canción de las bicicletas.
Dr. Lacan.:
De veras hay una canción así.
Señorita B.:
Con una bici se pueden visitar varios lugares apurándose un  poco. Con una bici uno va más rápido que caminando.
Dr. Lacan:
Tratemos de volver a St. Chéron.
Señorita B.:
¿Qué quiere usted saber?
Dr. Lacan:
Me gustaría saber ¿cómo usted tuvo a su niño?
Señorita B.:
Mi niño…está unido, es parte de mi vida. Me corrieron de St. Chéron.
Dr. Lacan:
La directora la corrió ¿por qué?
Señorita B.:
Sin parecerlo ella hacía política.
Dr. Lacan:
¿Qué quería usted?
Señorita B.:
Armar un lío.
Dr. Lacan:
¿A qué llama usted…?
Señorita B.:
Estaba maltratada, explotada y derrumbada. Al principio, me gustaba mucho, era algo nuevo. Luego, luego, la señorita Olivennes me corrió…ella reconocía a la gente, algunos fonoaudiólogos, ceramistas; los demás, por el contrario, eran verdaderos peones, como esclavos de niños, un poco esclavos.
Dr. Lacan:
Ah ¿sí?
Señorita B.:
¿Qué es lo que piensa usted de eso?
Dr. Lacan:
Es que la conozco.
Señorita B.:
¿Personalmente?
Dr. Lacan:
Sí, la conozco personalmente.
Señorita B.:
Usted la contactó ¿después de mi tratamiento?
Dr. Lacan:
De ninguna manera, la conozco de otro lado.
Señorita B.:
En ese momento…
Dr. Lacan:
Totalmente exacto.
Señorita B.:
Es así que la conoce usted. Pienso que es ella quien es la más enferma de todos los niños, el niño enfermo.
Dr. Lacan:
¿Es lo que usted piensa? Regresemos a…
Señorita B.:
…a nuestros asuntos.
Dr. Lacan:
Quiero decir… que si entendí bien lo que me dijeron es en St. Chéron donde usted tuvo a este niño.
Señorita B.:
Tuve mi hijo. Usted dice mi hijo a mí, pero usted no piensa mi hijo. Yo no lo había dicho pero pienso que usted lo tiene en la cabeza. Adiviné que usted piensa sus hijos.
Dr. Lacan:
¿De qué manera piensa usted que adivinó?
Señorita B.:
Porque usted podría ser mi padre o mi abuelo.
Dr. Lacan:
Es evidente, podría ser abuelo. Pero dígame ¿cómo tuvo este niño?
Señorita B.:
¿Cómo lo tuve? Como todas. Al menos…uno nunca sabe…
Dr. Lacan:
¡Caray! ¿usted sabe que no es por la operación del espíritu santo?
Señorita B.:
No, sé que es por la operación de la carne.
Dr. Lacan:
Usted debe saber que tiene que ver algo en eso, que no es por operación del espíritu santo ¿qué pasó entre usted y el padre de este niño? Porque este niño tiene un padre…
Señorita B:
Sí, tiene un padre. Forzosamente tuvo un padre… al menos que
sea un embarazo nervioso, lo que me extrañaría.
Dr. Lacan:
Lo que corresponde a un embarazo nervioso es que no hay hijos ¿este niño dónde está?
Señorita B.:
En Mantes-la-Jolie. Con una nodriza. Está muy bien. Es una mujer ordenada, limpia… le falta tal vez algo…
Dr. Lacan:
Tal vez usted.
Señorita B.:
Sí, tal vez yo.
Dr. Lacan:
¿Tuvo noticias de este niño?
Señorita B.:
Recientemente sí. Ayer recibí una carta y una foto que ella me mandó, también diciéndome que actualmente si quisiera hablarle por teléfono podía hablarle cuando quisiera…desde un año o dos me distraen y me entretienen. Pienso que podrí recogerlo cuando tenga una buena salud y cuando pueda trabajar.
Dr. Lacan:
Usted ¿en qué no está bien de salud?
Señorita B.:
Tengo cosas en la cabeza, es la cabeza.
Dr. Lacan:
¿Qué es lo que pasa en su cabeza?
Señorita B.:
Me gustaría encontrar un lugar en la sociedad, en la vida. No lo encuentro, estoy en la búsqueda de un lugar para mí. No encuentro este lugar porque yo no tengo lugar.
Dr. Lacan:
¿No quiere su lugar?
Señorita B.:
El mío no me gusta. Es un lugar pequeño.  Quiero uno grande, uno muy grande.
Dr. Lacan:
¿Cuál sería su idea del lugar que usted merecería?
Señorita B.:
Quisiera tener el lugar de una madre que quiere mucho a su hijo, de una madre atractiva. Quisiera estar en el lugar de la gente notable. A la gente notable se la respeta más que a la gente ordinaria, la gente de la vida de todos los días.
Dr. Lacan:
Hablemos un poco de su lugar de inicio.
Señorita B.:
De inicio ¿es decir?
Dr. Lacan:
Su lugar.
Señorita B.:
¿Por qué usted dice de inicio? ¿en el tiempo de mis padres? Tengo un lugar importante en ese sentido.
Dr. Lacan:
Usted tenía un lugar importante, era la mayor.
Señorita B.:
Usted ¿sabe todo eso?
Dr. Lacan:
Eso me lo dijeron. Me hablaron un poco  de usted, era la mayor.
Señorita B.:
Era la mayor de una familia de seis hijos. Cada vez que se iba mi mamá por una nueva maternidad yo tomaba su lugar.  Lavaba los pañales, arreglaba, cuidaba la casa, sobre todo, cada  vez que ella se iba por una maternidad, pero mientras estaba aquí no la ayudaba, ni hacía mi cama. Cuando ella  se iba yo  hacía todo, era eficiente. Quisiera saber que soy eficiente, es decir hacer algo, hacer bien algo.
Dr. Lacan:
En esa eficiencia ¿usted se encontró creer, durante un mes que estaba molesta?
Señorita B.:
Sí, estaba molesta porque ponía todo el corazón que puede  tener una joven, una muchacha más bien… molesta por la  sociedad que quiere reconocer a alguien como tal a  condición que tenga un diploma. Era eficiente, pero no había nada que justificara, no tenía diploma. No podía introducirme en todos lados, así sin tener diploma. Tenía una experiencia personal, sabía muchas cosas pero…
Dr. Lacan:
¿Estudió algo?
Señorita B.:
Solamente estudios de enseñanza técnica. Al final de la primaria tuve el certificado y luego seguí cursos de taquigrafía y mecanografía en un colegio.
Dr. Lacan:
¿Hubo un momento donde usted se sentía… diría como… hipnotizada?
Señorita B.:
¿Si hubo un momento en el que pensé que estaba hipnotizada? No, nunca lo pensé, excepto recientemente.
Dr. Lacan:
Cuénteme lo que pasó recientemente.
Señorita B.:
Un día, tenía que trabajar normalmente. Me quedé en la cama hasta muy tarde pero no tenía para nada ganas de dormir, ni me dolía la espalda ni los hombros. Estaba muy bien. Prolongué ese estado. Leía. Escribía mucho durante toda esa vigilia. Pensé que efectivamente me habían  hipnotizado porque había leído libros diciendo que se  puede transmitir la hipnosis y, luego el sujeto se despierta.
Dr. Lacan:
Es eso lo que le hizo a usted creer ¿eso repercutió en su pasado? A partir de aquí, de esta lectura ¿usted se dio cuenta que se  había encontrado en el pasado hipnotizada, es decir impulsada en un cierto camino que no era el suyo?
Señorita B.:
En efecto, me había identificado a una persona que no se  parecía a mí.
Dr. Lacan:
¿Quién es esta persona que no se parece a usted?
Señorita B.:
Varias personas que no se parecen a mí. Al menos conozco  a una. Durante  (…). Visitaba esa gente. Tenía relaciones con esa gente. Los conozco desde 17 años.
Dr. Lacan:
Usted ¿los conoce desde hace 17 años o desde la edad de 17 años?
Señorita B.:
Desde hace 17 años, no desde la edad de 17 años. Me identifiqué  con esa muchacha que…
Dr. Lacan:
¿Quién es esa muchacha?
Señorita B.:
Marie-Aline.
Dr. Lacan:
Marie-Aline ¿qué?
Señorita B.:
Marie-Aline Fuguer.
Dr. Lacan :
¿Dónde la conoció ?
Señorita B.:
En mi  temprana infancia. Tenía 6 ó 7 años. Éramos un grupo de niñas. Había notado que era rubia, mucho más bonita que  las demás. La peinaba seguido y a veces, ella tenía un poco un lado malo como todos los niños. Le tocó dibujarme. Me había hecho feucha. Era solamente para molestarme, me decía que estaba feucha. Me sentía triste. Son recuerdos de amor, pienso, los primeros amores frustrados.
Dr. Lacan.:
¿Qué quiere decir? ¿era su amor por esta niña?
Señorita B.:
Había tenido otro amor por una muñeca que se llamaba Daniela. Creo que la amaba. Los gatos. Tengo amor hacia los gatos. No tengo amor hacia mis padres. Mis padres no me daban afecto, se los reproché.
Dr. Lacan:
Dígame ¿usted habla de su madre?
Señorita B.:
Hablo de mi madre.
Dr. Lacan:
Habla un poco de su madre… ¿y su padre?
Señorita B.:
¿Qué quiere usted saber?
Dr. Lacan.:
Quisiera saber las noticias que tuvo de él.
Señorita B.:
¿Desde cuándo? Mi padre murió desde hace 2 años ya.
Dr. Lacan.:
¿Dos años? ¿cuándo lo supo?
Señorita B.:
Lo supe un poco después de mi hospitalización en Clermont de  l’Oise.
Dr. Lacan:
Explíqueme su hospitalización.
Señorita B.:
Me indicaron la dirección.
Dr. Lacan:
Usted iba a la clínica de Laborde. ¿qué es lo que la llevó a la Clínica de Laborde?
Señorita B.:
Me aloqué un poco en cierto momento. Yo la había conocido por unos amigos. Encontré un amigo que quería defenderme.
Dr. Lacan:
Que se llamaba ¿cómo?
Señorita B.:
Robert. No es grave hacerse llamar Robert cuando uno se llama Jacques. No es un problema.
Dr. Lacan.:
¿Cómo conoció a Robert?
Señorita B.:
Pidiendo aventón.
Dr. Lacan:
¿Siempre pide aventón?
Señorita B.:
Me gusta ver gente diferente, ver un poco lo que son. Juego a los espías.
Dr. Lacan:
Sí, me acuerdo bien, es así como conoció al padre de su hijo.
Señorita B.:
Es un poco de esta manera. Me había equivocado de tren. Llegué a una ciudad donde no quería ir.
Dr. Lacan:
¿Cuál?
Señorita B.:
Etampes. Es aquí donde lo encontré.
Dr. Lacan:
Christian ¿cómo se llamaba este Christian, su apellido?
Señorita B.:
Ancronaz, es un nombre de la Saboya.
Dr. Lacan:
Entonces ¿qué es lo que supo de él en estos momentos?
Señorita B.:
Creí que era (…) tenía grandes dificultades. Lo encarcelaron.
Dr. Lacan:
¿Qué hizo para estar encarcelado?
Señorita B.:
Fraude, etc.
Dr. Lacan:
Sí.
Señorita B.:
Pero no es un delincuente. Tal vez tenía buenas razones.Tal vez era un rebelde hacia la sociedad. Él cargó con la culpa. Se culpabilizó. Se arregló para que la culpa recayera en él. Y toda esta asamblea… ¿es normal que hable de mi caso  ante toda esta gente?
Dr. Lacan:
A mí me parece normal. Es gente que de todas maneras su interesa en su caso.
Señorita B.:
Sí… ¿y si fuera gente anónima?
Dr. Lacan:
No es gente anónima, es gente escogida. Las personas que vienen aquí es gente… por otra parte, usted debe reconocer gente del servicio. Entonces ¿qué pasó con Christian?
Señorita B.:
Pasó… evidentemente tuve una relación sexual con él, era por otra parte la primera relación más o menos normal que tenía con un hombre.
Dr. Lacan:
¿La primera relación más o menos normal?
Señorita B.:
Sí, porque había verdaderamente acoplamiento y él no se dio cuenta. No llegué a hablar de eso ¿se puede decir así?
Dr. Lacan:
¿Cuánto tiempo vivió con él?
Señorita B.:
Realmente no fue importante.
Dr. Lacan.:
¿Dónde vivió usted con él?
Señorita B.:
En todos lados. Vivimos en diferentes hoteles. No teníamos dinero en aquél momento. Vivimos en estudios. Nunca pagamos, no teníamos dinero. Nos quedábamos un mes ó menos, después de un mes la dueña nos corría. Creo que me hacía un poco la loca, me divertía. A veces tengo la impresión que lo amo,  pero sería incapaz de amar… o un niño… los demás ¿por qué se sonríe?
Dr. Lacan:
No hay razones para que no sonría. Dígame, cielito mío…
Señorita B.:
Cielito mío, cielito mío (ríe). Es agradable, pero sorprendente… cielito mío, usted no me dijo cabrona o puta. Bromeo un poco fuerte, pero lo hago a propósito, mi reacción a cielito mío.
Dr. Lacan.:
Cabrona, tiene sentido, es una apariencia moral ¿usted se  considera una puta?
Señorita B.:
Tenía un padrote por correspondencia.
Dr. Lacan:
Por correspondencia ¿qué quiere decir?
Señorita B.:
Escribía cartas de amor. Tenía un padrote porque era una puta y era una puta porque tenía un padrote. Pensaba… no tiene  ningún sentido. No estaba constituida normalmente. La gente puede creerme o no creerme. Tengo gente que me dice… gente así…
Dr. Lacan:
Llamemos a eso alabarse.
Señorita B.:
Sí, un poco. Alabarme tiene un valor reconocido por otros. Ser un personaje para llegar a una payasada o a un títere del Jardín de Luxemburgo.
Dr. Lacan.:
¿Cuáles son las diferentes payasadas que hizo? Tengo el sentimiento que entre esas payasadas hay cosas que usted  hizo que se parecen mucho a lo que se llama enfermedad mental. No estoy muy seguro en creer en las cosas que  usted decía hace un momento.
Señorita B.:
El débil al menos tiene la sociedad para protegerlo, pero cuando se trata de algo del carácter. Por eso es mucho menos para ellos.
Dr. Lacan.:
¿Le ha sucedido que le dan pensamientos?
Señorita B.:
Que me dan pensamientos ¿en qué?
Dr. Lacan:
¿Pensamientos que le fueran impuestos?
Señorita B.:
Impuestos ¿a mí?
Dr. Lacan:
¿Hubo un momento en que eso le preocupaba? ¿se sentía influenciada?
Señorita B.:
No fui influenciada. No tuve pensamientos impuestos, pero fui influenciada por la señorita Olivennes.
Dr. Lacan.:
¿Quién la influenciaba en el momento que usted creía estaba influenciada?
Señorita B.:
La señorita Olivennes venía a decirme que me parecía a lo que  ella parecía decir. Decía que me parecía a sus hijos. En un  momento tenía que ir a un centro vacacional con educadoras, allí me ocupaba de un grupo. Fui humillada porque estaba con una niña de 10 años, una niña. Me preguntaron si era mi hija. En ese momento yo no tenía hijos. Pensaba que me parecía a ella, porque si tenía una niña así es porque me parecía a ella. Tenía un poco de vergüenza. Físicamente ella tenía un cuerpo de enferma, se veía ¿yo tengo un cuerpo de enferma?
Dr. Lacan.:
No, no, para nada ¿qué idea tiene usted de lo que es un físico de enfermo?
Señorita B.:
Creo que es gente… tendría que mirar de cerca. Sí, creo que aquí hay un enfermo mental.
Dr. Lacan:
¿Dónde está? ¿cuál?
Señorita B.:
Sí, hay uno aquí. Es un enfermo mental (señala al Dr. Delaure)
Dr. Lacan:
El Dr. Delaure está allá.
Dr. Delaure:
Sí.
Señorita B.:
La gente tiene el papel de juzgar. Nos juzgamos mutuamente.
Dr. Lacan:
¿Nos juzgamos mutuamente?
Señorita B.:
Es un poco… exagerado…Mi padre, lo acuso de ser un mal  padre y me acuso de ser una mala hija.
Dr. Lacan.:
Explíqueme.
Señorita B.:
Son los demás, pues… son los otros di que amigos que  siempre me reprocharon de tener un padre alcohólico. De ser hija de un alcohólico.
Dr. Lacan:
¿Era alcohólico realmente?
Señorita B.:
Empedernido, puedo decir. Es por mi culpa si se murió. Fui yo la que lo provoqué. Conté tantas veces esta historia.
Dr. Lacan:
Cuéntemela otra vez.
Señorita B.:
No paso de decir  siempre la misma cosa y estoy harta.
Dr. Lacan:
Hay que contar las cosas ¿quién puede contarlas por usted?
Señorita B.:
Ya la conté a varias personas.
Dr. Lacan.:
¿Con quién habló de eso?
Señorita B.:
El Dr. Delaure creo, el Dr. Adam.
Dr. Lacan.:
¿Y le molesta contarlas otra vez?
Señorita B.:
De decir la misma cosa.
Dr. Lacan:
Pero tenemos que tratar de encontrar las cosas. Vuelva a decírmelo.
Señorita B.:
Me olvidé por el instante. Estaba distraída con el vaso de  agua ¿usted me pregunta?
Dr. Lacan:
Le hago una pregunta que es justamente acerca de la manera como usted ha sido más o menos… ó como usted se sintió más o menos manipulada.
Señorita B.:
Manipulada. Sí, lo fui un poco por la señorita Olivennes. Ella me manipuló, no solamente a mí, manipulaba a todo el mundo, a toda la gente. Hacía publicidad por eso y por aquello, de la psicoterapia, haga eso, haga aquello. En cambio ella ni siquiera hacía una selección de los alimentos. Me había reprochado cuando trabajaba en una clase… estaba muy contenta de mi ayuda y ella por su lado, tenía la costumbre hacia mí, había dicho a la directora que yo no tenía derecho a mi comida, que tenía que comprarla. Lo que es un poco exagerado. Yo hacía lo mismo afuera. Me ocupaba de los niños porque me  interesaba. Además tenía que pagar mi comida. Sin embargo, me interesaba, es un trabajo muy, muy duro.
Dr. Lacan.:
¿Usted está de acuerdo que le interesaba?
Señorita B.:
Ahora estoy enferma, no lo puedo saber.
Dr. Lacan:
¿Qué piensa usted de eso? Porque de todas maneras es usted la que no se siente bien.
Señorita B.:
Creo que no estoy enferma. Soy alguien que padeció graves frustraciones pero no lo acepto. Se puede aceptar o rechazar las frustraciones. Yo no acepto, rechazo…me lo preguntan siempre. Tal vez soy yo que me hago una idea. En fin, normalmente tengo una idea; tengo el razonamiento, el comportamiento de un niño de 3 años, así es. Tal vez tengo 3 años de edad mental, es posible.
Dr. Lacan:
Sí, no es imposible.
Señorita B.:
A veces no puedo tener 3 años por lo que nos pasa, a veces uno puede tener 15 años, a veces uno puede tener 25 ó 30 años. Tengo una edad u otra cuando hay algo que me conviene. Tenía una madre que me servía…
Dr. Lacan.:
¿Qué es lo que usted quiere decir?
Señorita B.:
Ella me servía animales (¿?)… me servía…
Dr. Lacan:
¿Qué es lo que le servía?
Señorita B.:
La pobre ya aguantaba mucho y yo no lo hacía a propósito.
Dr. Lacan:
¿Dónde vive?
Señorita B.:
Vive en Angers.
Dr. Lacan:
¿Por el momento?
Señorita B.:
Vive en Angers, sí.
Dr. Lacan:
¿Con quién vive?
Señorita B.:
Con una persona, evidentemente.
Dr. Lacan:
¿Lo que quiere decir?
Señorita B.:
Una persona. Usted es una persona. Yo también soy una persona. Con alguien.
Dr. Lacan:
Alguien que…
Señorita B.:
Que es un obrero, que es amable. Un poco odioso pues.
Dr. Lacan:
Es él que ella…
Señorita B.:
Por el momento no hablemos de eso.
Dr. Lacan:
Y entonces sus sucesores, quiero decir ¿cuántos hermanos?
Señorita B.:
Dos hermanas y tres hermanos.
Dr. Lacan:
¿Dos hermanas y tres hermanos? ¿ellos viven?
Señorita B.:
Independientemente de mi madre. Ahora ella ya no los tiene a su cargo. Solamente se encarga de ella.
Dr. Lacan:
¿Cuántos, hay 3 años, más o menos, de distancia entre usted y cada uno?
Señorita B.:
No hay 3 años.
Dr. Lacan:
¿Qué edad tiene el pequeño?
Señorita B.:
El pequeño debe tener, el más pequeño tiene 16 años.
Dr. Lacan:
El que tiene 16 años ¿también se largó?
Señorita B.:
Vive actualmente con mi hermana.
Dr. Lacan:
Su hermana es…
Señorita B.:
Mi hermana que está casada. Vive con ella. La gente de mi  servicio… no me ayudan por… mi cuñado y mi hermana. Lo hacen porque mi cuñado trabaja. Me habían propuesto  recibirme  con mi hijo. Ahora no tengo a nadie, solamente tengo a mi hermana.
Dr. Lacan:
¿Le habían propuesto eso?
Señorita B.:
Hablemos de eso. A veces fui a pasar los fines de semana con mi hijo. Ahora ya no se puede porque ya no tienen lugar, a menos que…
Dr. Lacan:
¿Qué va a hacer usted de este niño?
Señorita B.:
Por el momento está bien donde está. Esperaría muy rápidamente tenerlo de vuelta, tener un trabajo, una situación. Tengo miedo de vivir y a que (…) cuando me  hacen mucho daño.
Dr. Lacan:
¿Quién le hace daño aparte de la señora Olivennes?
Señorita B.:
Los otros y hay otros más. Está Marie-Aline Fuguer, ella me hace daño.
Dr. Lacan:
¿Marie-Aline… entonces está Marie-Aline ?
Señorita B.:
No le hablé. De todas maneras no le dije que venía aquí.
Dr. Lacan:
¿Por qué había usted podido pensar en hablarle?
Señorita B.:
Para hacer un test. Me hubiera gustado hacer un test. Que sepan que estoy de nuevo hospitalizada para saber si vienen a verme.
Dr. Lacan:
Esta Marie-Aline ¿no es de la que usted me habló antes?
Señorita B.:
Sí.
Dr. Lacan:
¿Es ella a quién usted quería mucho?
Señorita B.:
Quería mucho a su hermanita. Luego ya prefería a ella. Parecía que nos parecíamos. Parecía, pero ella no se  parecía a mí seguramente. Imaginé que ella se parecía a mí. Lo que yo buscaba en mi idea es de parecer a alguien. Es la condición de vida. Es por eso que busco su vida de ellos quiero, quiero tomar su vida. No tengo vida, yo tomo la vida del otro, es lo que busco. Es lo que apreciaría.
Dr. Lacan:
No son cosas que uno imagina fácilmente: ¿usted hizo muchas lecturas?
Señorita B.:
Sí, leí. Tal vez estoy influenciada por lo que leí. Cuando
tenía 17 años empecé a leer a Sastre, él me influenció.
Dr. Lacan:
¿Él la influenció? Explíqueme ¿cómo él la influenció?
Señorita B.:
¿Cómo me acuerdo? El describía siempre como enfermo como no saludable, algo que no estaba bien, un amigo que dejaba todo, máquinas así. Él escribía bien… no escribía tan mal.
Dr. Lacan:
¿Cuándo lo leía usted?
Señorita B.:
Justo cuando dejé el colegio. Empecé a trabajar casi a los 17 años. En un momento leía a Jen Paul Sastre y a Simone de Beauvoir al mismo tiempo. Sabía que eran amigos. Leía al mismo tiempo a Simone de Beauvoir. No me acuerdo de nada, leía por leer. Me acuerdo de palabras, de vocabulario, pero no de historias. La emoción que tengo es cuando leo palabras.
Dr. Lacan:
La emoción ¿a qué? ¿a una palabra?
Señorita B.:
A varias palabras, sí.
Dr. Lacan:
¿Por ejemplo?
Señorita B.:
Las palabras que me recuerdan la infancia. La palabra paternal me gusta. Si uno dice maternal es una palabra que me gusta.
Dr. Lacan:
¿Qué otras palabras?… por ejemplo
Señorita B.:
La palabra maternal. Cuando cuido a los niños digo  (maternage). A mí me hubiera gustado que lo hagan para mí también. Siempre pensé. Es cuando encontré a la señora Morin.
Dr. Lacan:
Hábleme de la señora Morin ¿dónde la conoció?
Señorita B.:
En el Centro Rochefoucauld.
Dr. Lacan:
¿Es con ella que la recomendaron más especialmente?
Señorita B.:
Sí, es ella que me…
Dr. Lacan:
¿Cuándo conoció usted a Chertok?
Señorita B.:
La fecha, ya no me la acuerdo. Hace 10 meses. Lo consulté…
Dr. Lacan:
¿Por qué lo consultó usted?
Señorita B.:
Tenía problemas con mi hijo. Estaba siempre alterada. Cuando llegaba en la noche él no quería comer como yo quería.
Dr. Lacan:
¿Cómo, cuando usted llegaba en la noche?
Señorita B.:
De mi trabajo.
Dr. Lacan:
En ese momento ¿usted se encargaba de él? No es tan simple porque usted me dijo que estaba con la nodriza.
Señorita B.:
En ese momento me encargaba de él.
Dr. Lacan:
En un cierto tiempo usted se encargaba de él ¿cuántos años?
Señorita B.:
Casi dos años, apenas dos años. Por un mes o dos.
Dr. Lacan:
Sí y entonces ¿qué es lo que la impulsó a consultar al Dr.  Chertok?
Señorita B.:
Pensaba en una comadrona que había amado durante mi parto. Cuando uno da a luz no es una cosa común. El papel de una comadrona que la ayuda en el parto, porque ella es amable con usted, pero enamorarse además de la comadrona, amarla más que a su hijo es un poco fuerte. La señora Tauchon era la comadrona. Amaba menos a mi hijo que a la señora  Tauchon., es un poco fuerte ¿no?
Dr. Lacan:
De todas maneras vemos la gama de sus amores.
Señorita B.:
Realmente me decepcioné.
Dr. Lacan:
¿En qué sentido?
Señorita B.:
El hombre… me di cuenta que tenía otra cosa que hacer que amarme. Nunca podrán amarme como aman a su familia. Ellos no podían amarme, yo no podía obligarlos a que me amen.
Dr. Lacan:
Hagamos de todos modos una lista. Al padre de su hijo
¿usted lo amó?
Señorita B.:
No sé. Pienso que es en el plano sexual que obtuve una  satisfacción. En el plano afectivo hubiera podido amarlo, pero él es a veces muy poco serio y a veces demasiado violento, como mi padre. No busco hombres de ese tipo. Muchas veces una muchacha busca un padre a través de su marido, una  imagen de su padre. No es para nada lo que yo buscaba.  Acepté porque no había encontrado otra cosa.
Dr. Lacan.:
No es porque uno lo dice… uno habla siempre demás. Entonces
¿la señora Cauchon?
Señorita B.:
Quien pasa el trapo (torchon). Pensé una vez en trapo y una vez en puerco. Eso iba después. No le digo más ya que usted lo sabe.
Dr. Lacan:
¿Qué es lo que quiere decir al decir que ya lo sé?
Señorita B.:
No vale la pena que le cuente mi historia. Usted vio mi expediente. Tengo un expediente así de grande.
Dr. Lacan:
En efecto, pero es porque me lo contaron.
Señorita B.:
¿Se lo contaron? ¿le contaron la historia, que…?
Dr. Lacan.:
Sí, es algo que flota…
Señorita B.:
A mí me gustaría más vivir suspendida.
Dr. Lacan:
¿Le gustaría vivir suspendida? Explíqueme.
Señorita B.:
Usted piensa tal vez en un vestido suspendido… Me gustaría vivir como una ropa. Si fuera anónima podría escoger la ropa en la cual pienso… vestiría la gente a mi manera. Soy un poco un teatro de marionetas. Me gustaría mucho tirar de los hilos pero creo que encontré alguien más fuerte que yo.
Dr. Lacan:
Usted encontró alguien más fuerte que usted ¿dígame quién?
Señorita B.:
Usted, por ejemplo.
Dr. Lacan:
¿Por qué… usted considera que por el momento…
Señorita B.:
Usted tiene una posición de superioridad en relación a mí. Usted representa a la ciencia, a las grandes cosas. Yo represento la vida de todos los días, la pequeña blusa que uno plancha.
Dr. Lacan:
¿Cómo llama eso de jalar de los hilos?
Señorita B.:
Controlar los hilos.
Dr. Lacan:
¿Por qué  yo controlo los hilos? Trato justamente de entender lo mejor que pueda ¿qué es lo que le hace pensar que…
Señorita B.:
Estoy con usted. Usted incluso ni me deja el tiempo de  terminar lo que tengo que decir ¡Eh! usted…
Dr. Lacan:
Es un poquito el hecho de que trato de alcanzar el mayor campo posible.
Señorita B.:
El campo ¿de qué?
Dr. Lacan:
El campo de lo que hizo hasta ahora.
(…)
Señorita B.:
Efectivamente detrás de mi casa había un campo donde me paseaba, un campo de trigo… un campo de palabras. Me divertía con las personalidades de las amapolas. Me hubiera gustado ser maestra.
Dr. Lacan:
No es muy inverosímil. Tal vez era lo que usted buscaba.
Señorita B.:
Sí, creo.
Dr. Lacan:
Usted quería ser algo así como maestra, para esos pobres niños ¿usted cree que es eso?
Señorita B.:
Creo que es eso, sí. A través del trabajo tuve que vivir durante varios meses haciendo cosas que no me gustaban. Buscaba siempre encontrar un lugar y encontrar un lugar en el lugar de los otros. No sé donde estoy, estoy en todos lados.
Dr. Lacan:
Sí, son cosas… Trato de que usted las exprese como las siente.
Señorita B.:
Cosas que no logro expresar. Para expresar mis pensamientos, hay un lenguaje que me gusta, un lenguaje que los médicos adoptan. Me gusta ese lenguaje. Representa, tal vez, un estrato de la sociedad ese lenguaje. El lenguaje que tengo, a veces es el lenguaje de los médicos, a veces el lenguaje de los hombres ordinarios. Tengo diferentes lenguajes. Inventé palabras.
Dr. Lacan:
Déme una idea de estas lenguas que usted inventa.
Señorita B.:
Inventé el ruso arabizado, palabras que vienen a la boca, expresiones que acaban como las palabras que se encuentran en Rusia y que se vuelven a encontrar en árabe.
Dr. Lacan:
¿Cómo tuvo usted la idea de los sonidos que se encuentran en Rusia?
Señorita B.:
¿Cómo tuve la idea? Yo misma, yo misma lo inventé.
Dr. Lacan.:
Es un ruso inventado. Déme una pequeña idea.
Señorita B.:
¿Palabras? Lo puedo hacer por escrito si usted quiere. Pero no es así, eso ya es algo. No tengo ganas que todos se burlen de mí.
Dr. Lacan:
Nadie se burla de usted. Toda la gente está aquí muy interesada en lo que usted dice. Nadie se rió hasta ahora.
Señorita B.:
No se rieron pero sonrieron. En este momento señor gato (…)
Dr. Lacan:
¿Por qué señor gato?
Señorita B.:
Porque fue perseguida por machos. Últimamente había un gato grande. Un gran gato que me sigue. Es un gran gato perseguidor. Doy almas a los animales. Doy un alma a una oruga que apachurro con mi bicicleta. Una vez vi sus tripas amarillas.
Dr. Lacan:
Entonces, este gato grande del que hablamos ¿cómo interviene?
¿cuál es la relación con usted?
Señorita B.:
Él intervino… hacer una prisionera en la cárcel. Aunque en realidad…él esperaba que saliera de mis fantasías a través de mis…
Dr. Lacan:
¿Quién es ese gato?
Señorita B.:
Es un símbolo. Hubiera podido decir tigre o pantera. Se dice que el gato caza al ratón. Hay animales que cazan al hombre.
Dr. Lacan:
Explíqueme ¿cuál es su relación con este personaje?
Señorita B.:
¿El personaje del ratón?
Dr. Lacan:
¿Es el gato o el ratón?
Señorita B.:
El gato no soy yo. Yo soy…
Dr. Lacan:
Usted es el ratón.
Señorita B.:
Me quieren atrapar. El que atrapa un ratón a veces es un gato. Atrapar un ratón. Me digo, me va a tocar que me atrapen.
Dr. Lacan:
¿Dónde siente usted este gato? Hace un rato usted me indicó  que en su espalda.
Señorita B.:
¿En mi espalda? ¿dije en mi espalda? ¡no dije en mi espalda! Ah, sí, sí. No me había hecho para nada esta idea. Había tomado un café para darme ánimos sin estar cansada. Pero eso no es cierto, me decía hipnotizada.
Dr. Lacan:
¿Usted pensó que estaba hipnotizada? ¿qué más hay en ese hilo? ¿hay otras maneras de… donde el gato juega con usted?
Señorita B.:
Hay personas que juegan también con nosotros…
Dr. Lacan:
Sí, por ejemplo.
Señorita B.:
Me gusta jugar con otros. Pienso que uno quiere ganar. Sigo viendo este personaje.
Dr. Lacan:
Por eso sigue viendo ¿cuál personaje?
Señorita B.:
El payaso, yo misma.
Dr. Lacan:
¿Quién es el payaso?
Señorita B.:
El payaso soy yo. A causa de mis amores frustrados, de la desesperanza, de mi impotencia. El payaso que piensa, el payaso que llora, los payasos que tienen hambre, que tienen miedo… estoy cansada.
Dr. Lacan:
¿Está usted cansada?
Señorita B.:
Tal vez tendré mi desayuno ya que me porté bien.
Dr. Lacan:
Porque usted considera que se portó muy bien… usted hizo un esfuerzo.
Señorita B.:
Es necesario preservar la apariencia. Si estoy enferma me  presento como enferma. Si no estoy enferma  usted me considera como otra cosa.
Dr. Lacan:
Hoy no la consideré como una enferma.
Señorita B.:
De todos modos.
Dr. Lacan:
Dígame lo que usted piensa ¿es una verdadera enferma o una falsa enferma?
Señorita B.:
No sé… Entre verdadero y falso no logro… No soy ni una verdadera enferma ni una falsa enferma. No soy ni verdadera ni falsa. Existo como enferma. Pero el problema es en relación con ser o no ser. Hago lo que me da la gana. Si tengo ganas de  ser una verdadera enferma soy una verdadera enferma. Si no tengo ganas no soy una verdadera enferma.
—————-
Dr. Lacan:
Este último acontecimiento es, de todos modos, la foto que  usted recibió de su hijo. Creí entender o sentir que era un  acontecimiento.
Señorita B.:
Sí, es un acontecimiento. La señorita Bruno está bien reticente hacia mí. A la larga, ella empezaba a hartarse, estaba mala conmigo, me mandó la foto, es amable. Me dijo que podría verlo cuando quisiera. Ella cambió conmigo. Es porque ella cambió.
Dr. Lacan:
Son cosas que pasan.
Señorita B.:
¿Desde cuánto tiempo dura esto?
Dr. Lacan:
¿Cuánto tiempo hace que estamos platicando? Bueno, una hora y cuarto, no es mucho.
Señorita B.:
No es mucho, no. Por el contrario las consultas con los psicoterapeutas, con los psicoanalistas, no duran más que una  media hora, entre una media hora y tres cuartos de hora, a veces un poco menos. Estaba realmente muy infeliz…podía en ese momento… me gustaría recibir un regalo. Si me preguntaran lo que quiero diría un reloj, para ver la hora.
Dr. Lacan:
¡Ah! ¿sí?
Señorita B.:
Nunca lo he dicho. El primero que tuve yo me lo había regalado. Lo tiré, aunque funcionaba bien. Si alguien quisiera hacerme un regalo, si alguien quiere hacerme uno, elegiría un reloj muy lindo.
Dr. Lacan:
¿Qué es lo que desearía, ahora, saliendo de aquí?
Señorita B.:
Me gustaría volver a encontrar la situación que tenía antes de ir con Cohen. Hacía el quehacer en el cuarto. Acumulaba trabajo de medio tiempo.
Dr. Lacan:
¿Y si usted llegara a esa situación le permitiría volver a  recuperar su empleo?
Señorita B.:
Sí, claro pero de todas maneras no me gusta… Me pregunto lo que puedo hacer.
Dr. Lacan:
¿Qué es lo que considera usted como su profesión?
Señorita B.:
La profesión que aprendí para encontrar un lugar en la  sociedad. Mi papel a través de los estudios que hice, es de encontrar un lugar en la sociedad, jugar un papel en la sociedad… los mundos imaginarios… sigo los papeles, los tiro, los rechazo y los acumulo. Me gusta mucho el papel. Me gustaría  saber que cuando tengo ganas de algo… a través de los pequeños papeles, las pequeñas cartas, cuando las necesitaré, por buena costumbre. Excepto mis recibos de pago, los rompo. Siempre rompí los recibos de pago. Trabajé en cualquier lado, en todos lados. Son recibos que no me sirven para nada. Quince días por aquí, quince días por acá. Ninguna referencia. Aunque hace diez años que no trabajo. No tengo ninguna referencia. No vale la pena trabajar.  Escribo.
Dr. Lacan.:
Bueno, nos vamos
Señorita B.:
¿Nos vamos buenos amigos? Para celebrar esta separación voy a tomar un vaso de agua. Me hubiera gustado más un buen Beaujolais, pero a falta de Beaujolais se puede tomar agua… Pequeñas caricias es mucho más divertido.
Dr. Lacan:
¿Cuántas veces pasó usted por un hospital psiquiátrico?
Señorita B.:
Tres veces. Uno en Clermont de l’Oise, uno en Caen, uno en París. La próxima vez será en la montaña.
Dr. Lacan:
¿De qué manera fue a Caen?
Señorita B.:
Encontré un camión grande en el cual decía Caen. Dije voy a ir a Caen. Entonces dije al señor que me llevara en el camión.
Dr. Lacan:
¿Cómo hizo para que la admitieran en el hospital psiquiátrico?
Señorita B.:
Llegué una noche a una hora totalmente indebida. Le conté  historias al tipo, yo no sé qué.
Dr. Lacan:
Unas historias ¿de qué tipo?
Señorita B.:
Que soy perseguida… entonces me alojaron porque yo estaba enferma. Si no hubiera estado enferma, no me hubieran alojado.
Dr. Lacan:
Pero en fin ¿de dónde le viene esta idea de ser perseguida? ¿dónde la agarró?
Señorita B.:
Tenía conciencia de que estaban siguiendo. Cuando llegué a   Laborde, el médico, Danielle Sabourin, ella no es de la Asistencia Social, ella apuntó síndrome persecutorio. No era cierto, yo no presentaba un síndrome, yo era realmente perseguida. Cuando me paseo en la calle hay gente que me hace señas. Vi a una persona que había tomado mi chaleco para perseguirme, para ver como yo me aferro a mi pasado.
Dr. Lacan:
¿Su chaleco, su verdadero chaleco?
Señorita B.:
Mi chaleco de veras. Lo reconocí. Lo reconocí porque ya no  hacen ese modelo, ya está pasado de moda. Lo había comprado en la Redoute o en los Tríos Suisses, en un catálago se reconoce muy bien a mi chaleco. No llegué totalmente por azar a Caen,  a París. Es por azar porque la gente me lo decía. Me decía ¿qué es lo que la gente quiere de mí? Es por eso que yo quería saber. Todo lo que concierne a mi enfermedad me gustaría saberlo, necesito saberlo.
Dr. Lacan:
Esta historia del chaleco que le robaron ¿usted lo reconoció   sobre otra persona? ¿cuándo pasó?
Señorita B.:
Muy exactamente hace una semana.
Dr. Lacan:
Usted estaba aquí hace una semana, entonces ¿dónde pasó?
Señorita B.:
En el parque.
Dr. Lacan.:
En el parque ¿qué parque?
Señorita B.:
Donde está el conjunto de los pabellones. El parque es eso. Todos los pabellones que están plantados aquí.
Dr. Lacan:
Entonces es saliendo de su pabellón que usted lo reconoció ¿sobre quién?
Señorita B.:
Sobre una muchacha quién dice estaba enferma. Reconocí que ella no estaba enferma. Ella tomaba mi identidad. Ella contaba cosas que…
Dr. Lacan:
Aquí, no sólo es tomar su identidad es tomar un objeto que le pertenece. Entonces, no le pasó por la mente preguntarse…
Señorita B.:
Ella pasó frente a mí caminando bastante rápido, casi como alguien que no quisiera tener algo que ver conmigo. La antevíspera o la víspera ella me contó historias. Ella decía: yo quería hacer teatro, y creo que voy a ser taquimecanógrafa.
Dr. Lacan:
Entonces es una persona que usted ya conocía.
Señorita B.:
Creo que ella me conoce. Ella conocía mi historia de todas maneras. Si ella no hubiera conocido mi historia no hubiera llevado mi chaleco, porque ella lo robó.
Dr. Lacan:
¿Cómo lo sabe usted? ¿dónde lo robó?
Señorita B.:
Tengo cosas por todos lados. Pero no logro saber en que lugar, lo que hay en cada lugar.
Dr. Lacan:
¿Ese chaleco estaba en el almacén?
Señorita B.:
No estaba en el almacén.
Dr. Lacan:
¿En una maleta?
Señorita B.:
Con cosas que me pertenecen.
Dr. Lacan:
Una maleta que usted tiene en su cuarto.
Señorita B.:
¿Qué cuarto?
Dr. Lacan:
Usted tiene un cuarto.
Señorita B.:
Mi maleta no está en mi cuarto, no está aquí. Está en Conflans Ste. Honorine.
Dr. Lacan:
¿Está usted convencida que esta persona tenía su chaleco, robado de esa manera?
Señorita B.:
Claro. La gente entró en mi casa y abrió la maleta, y tomaron todo para alarmarme, para molestarme, para turbarme. Querían tomar todas mis cosas, todo lo que valía más caro. Creo que tomaron el chaleco, es todo.
Dr. Lacan:
En suma, le hacen travesuras así.
Señorita B.:
En mi pasado… ¿lo que cuenta más? la enfermedad de mi  padre me lastimó.
Dr. Lacan:
La enfermedad… ¿qué es lo que llama enfermedad? ¿la enfermedad de la cual murió?
Señorita B.:
La manera como murió. Murió de un infarto. Eso yo lo sé.
Dr. Lacan:
Entonces usted ¿habla de eso?
Señorita B.:
No, es la enfermedad de beber como él bebió, de golpear a  mi madre, de ser violento. Yo estoy harta de que me laven el coco. Basta con eso. Adiós.
Dr. Lacan:
Adiós señorita.
(La enferma sale)













DISCUSIÓN
Dr. Lacan:
La enfermedad mental… sí es muy difícil pensar los límites de la enfermedad mental ¿quién la vio aquí además de Adam?
Dr. Czermak:
Yo la encontré una vez.
Dr. Lacan:
Sí ¿y entonces?
Dr. Czermak:
Ella ponía el acento sobre sus posibilidades de identificación variables, en los personajes que pasaban a su lado.
Dr. Lacan:
No se hace la menor idea del cuerpo que tiene para meter en este vestido. No hay nadie que pueda deslizarse para habitar el vestido. Es un trapo. Ilustra lo que llamo la apariencia. Es eso. Hay un vestido y nadie para meter adentro. Solamente tiene relaciones existentes con ropas.
Dr. Czermak:
Ahora es la ropa del asilo.
Dr. Lacan:
Kraepelin aisló esos curiosos cuadros. Podemos llamarlo una Parafrenia ¿y por qué no ponerle el calificativo de imaginativa? No hay una
sola persona que llegara a cristalizarse, ni aún la señora Olivennes. Sería tranquilizador que fuera una enfermedad mental típica. Sería mejor que alguien pudiera habitar la ropa, la prenda. Hay una persona para eso, la señora Olivenns, tal vez. No parece que la señora Morin le haya causado efecto. Es como el simbólico, el imaginario y el real. Es la enfermedad mental por excelencia, la excelencia de la enfermedad mental. No es una seria enfermedad mental detectable, no es una de esas formas que se vuelven a encontrar. Va a ser parte de esos locos normales que constituyen nuestro ambiente. Actualmente todavía puede encontrar un lugar. Por el momento, es bastante (…) el tipo de eso es  ir a Caen. Allá ella contó cosas, contó que estaba perseguida. Ella reconoció el chaleco, ella no manifestó nada a la persona en cuestión. Entonces es que sus (…) no estaban serios. Es una cosa así… suspendida como el vestido. Es decir que cuidar su readaptación me parece también completamente utópico y pueril. Todo lo que ella dijo no tenía ningún peso. No hay ninguna articulación en lo que dijo.
M. Lawrence Bataille:
Ella tiene razón cuando dice que busca la misma cosa que nosotros. Ella busca su enfermedad mental.
M. Adam:
Su hijo podrá recuperarla (engancharla)
Dr. Lacan:
No estoy completamente seguro. Preferiría que no se le dé el hijo. No parece que sea lo que hay que recomendar. Además la enfermedad mental preferiría que no se le regrese.
Dr. Falade:
¿Y por qué?
Dr. Lacan:
Tiene muchas cosas con qué ocuparse. Quiere valorizarse, que se valorice si se puede.
Dr. Falade:
¿Y por qué dijo usted que era un acontecimiento para ella la foto de su hijo? Usted insistió mucho ¿qué quería que le dijera? ¿que dijera que no era una acontecimiento?
Dr. Lacan:
No insistí, ella no lo dijo. Fue para dejar una posibilidad, una manera de darme cuenta si lo que Adam dijo de la foto de su hijo constituye para ella un acontecimiento. No vi ningún testimonio, ninguna respuesta que me parezca vinculada, fue anodino.

Agradecemos la Traducción de Alain Huete