lunes, 9 de mayo de 2011

¿Diván o no diván ? esa es la cuestión

La función del diván en el dispositivo para la cura de las neurosis:
Uno se podría preguntar: ¿es un artilugio, parte de una técnica, solo cuestión de estatus o se trata de otra cosa?

Mínimo recorrido histórico:


En sus inicios, Freud trabajo afanosamente en el estudio de las llamadas afecciones nerviosas, colaborando en sus investigaciones con el psiquiatra vienés Josef Breuer, con quien publicara sus estudios originales acerca de la histeria. Desde ese momento comenzó a utilizar la técnica de la hipnosis que incluía el uso del diván. Pero Freud pronto propuso el llamado “método catártico” (presión en la frente) por medio del cual el paciente permanecía despierto y no bajo trance, resultando la abreacción (descarga) directa y consciente de afectos, con el resultado de una disminución de la tensión psíquica. Por último Freud propuso la llamada  "regla fundamental", la asociación libre, constitutiva de la técnica del psicoanálisis y que consiste en que el analizado exprese, durante las sesiones de la cura psicoanalítica, todas sus ocurrencias, ideas, imágenes, emociones, pensamientos, recuerdos o sentimientos, tal cual como se le presentan, sin ningún tipo de selección, sin restricción o filtro, aun cuando el material le parezca incoherente, impúdico, impertinente o desprovisto de interés. La observancia de esta regla contribuye a que afloren las representaciones inconscientes y actualiza los mecanismos de resistencia. 

Del texto “La iniciación del tratamiento” (1913) extraemos algunos párrafos que nos advierten de la relación de Freud en cuanto al uso del diván, y que nos servirán de punta pie para  repensar el uso de este no en tanto técnica, sino en tanto posición ética frente a una praxis.
 
"... mantengo mi consejo de hacer echarse al paciente en un diván, colocándose el médico detrás de él y fuera del alcance de su vista. Esta disposición tiene un sentido histórico, partiendo del cual se desarrolló el psicoanálisis. Pero merece conservarse por varias razones. En primer lugar (...) No resisto pasarme ocho o más horas al día teniendo constantemente clavada en mí la mirada de alguien(…)y no quiero que mi gesto procure al paciente materia de interpretaciones o influya sobre sus manifestaciones (...) Por mi parte mantengo inflexiblemente la situación descrita, con la que me propongo y consigo evitar la inmixión de la transferencia en las ocurrencias del enfermo, aislar la transferencia y hacerla surgir a su tiempo, como resistencia claramente delimitada.”

De la frase citada, podemos extraer varias cosas interesantes, que propongo atendamos en su importancia:
·         La presencia del cuerpo del analista (en tanto objeto a).
·       La presencia de la mirada del analista y del analizante (lo escópico, el engaño de la imagen).
·         La estructura de la transferencia (el equívoco del amor).
·         La posición del analista (el sujeto supuesto saber y el deseo del analista).
 
Como vimos lo que Freud plantea es que el objetivo del uso del diván es que se pueda disolver la pregnancia de lo imaginario de la transferencia, para que el analista pueda distinguirla en esos momentos de pura emergencia, de lo que el analizante dice;  “…aislar la transferencia y hacerla surgir a su tiempo, como resistencia claramente delimitada.”  Esto es para Freud, en ese punto, cuando la transferencia se manifiesta en su estado de resistencia y el analista puede interpretar.
A su vez que el paciente no vea al analista mientras asocia opera también en el sentido de       |que el analista, la persona del analista, pueda sustraerse y no mostrarse a la mirada del analizante. Tiene que ver con el intento de desvanecer lo imaginario para que aparezca la transferencia simbólica, la transferencia en relación con el discurso; privilegiar la palabra, se acompaña de cierta reducción de lo visual o escópico.
La indicación que Freud le da a los pacientes y que presenta en “Consejos al médico” como modo de enunciar la regla fundamental, es hacer pasar 
imágenes a palabras, indicación que vuelve a situar el lugar fundamental otorgado por Freud al discurso y no al yo, que siempre “desconoce”. 
Podemos pensar la imagen como una trampa para el sujeto. Lacan, en el Seminario X dice que cuando el sujeto va avanzando hacia el deseo con lo 
que se encuentra es con la imagen y ahí algo se obtura. A partir del 
campo visual es que se instituye la relación del sujeto con el otro 
imaginario. Precisamente esta relación es la que Lacan en el estadio del espejo va a situar como ¿na relación de desconocimiento.  
Lo que Freud llamó transferencia Lacan lo llamó el sujeto supuesto 
saber. Esta posición está sostenida en el amor de transferencia (o malentendido del amor). En el análisis se trata de mostrar que detrás de ese objeto que el analista puede representar como objeto de amor, lo que tiene que poder surgir es la interrogación sobre el deseo. 
También Lacan en el seminario X da algunas indicaciones respecto a la pulsión escópica y a la mirada como objeto a. La reciprocidad de mirar-ser mirado es una distracción para el sujeto. El uso del diván produce un corte ahí y este corte, según Lacan, implica justamente una postura ética: no hay simetría 
entre el sujeto y el Otro por lo que no hay que favorecer ni siquiera el engaño de esta simetría. El amor viene a velar que en realidad de lo que se 
trata es de la presencia del objeto,  la división subjetiva, la barra 
misma… el lugar de la angustia. 

En resumen, analizarse no implica hacer diván, y hacer diván no implica que se haya instalado el dispositivo analítico. No pienso que el dispositivo clásico –el paciente recostado en un diván y el analista sentado detrás, fuera de su vista- sea el único indicado para la aplicación del análisis, ya que el uso del diván no está determinado ni por un “manual” ni por un tiempo cronológico del análisis. Además, ¿los analistas no podríamos atender en hospitales o en todo aquel otro lugar que no contase con tal mobiliario? El uso del diván entonces deberá estar en relación a una ética del “caso por caso”, y a los momentos estratégicos donde cada analista podrá o no de manera calculada, operar ahí, en tanto un intento de corte, un intento de disminuir la pregnancia de lo imaginario. En última instancia apuntar al desconocimiento yoico, para que pueda emerger el discurso del Otro y alguna pregunta sobre el deseo.

Lic. Florencia Fracas
Miembro de EntreLíneasPsi-


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