Paciente de 28 años.
Diagnóstico: psicosis esquizofrénica.
Tiempo de internación: 4 años con salidas de fin de semana.
Tres ejes a resaltar:
· Del dolor psíquico, dolor espiritual y su estabilización.
Este paciente que había ya tenido una internación previa, solo en esta nueva internación, registra un sentimiento de mejora de su estado, en sus palabras “ya no siento el dolor psíquico (se toca la frente) “-el entrevistador le pregunta cómo era, dice “era un dolor psíquico, espiritual, algo muy muy malo, que por suerte ya no siento”.
· De la vergüenza como rasgo subjetivo.
El paciente registra al otro del público. Hace lazo con el otro. ¿Cómo es ese lazo en esta singularidad? ¿Cómo podemos cercarlo de alguna manera? A partir de una “experiencia” en acto que el paciente dice tener: vergüenza. Vergüenza que él dice “me pone nervioso, no me deja hablar bien” “es que hay mucha gente”. También dice sentirla ante determinadas preguntas sobre lo más íntimo: relación con su madre (que él define como “muy edipica”) y pensamientos sobre actos terribles (pegar, matar, romper, dice “no puedo contarlos acá”).
· De la unión y la mujer, punto de desconexión del paciente.
De su relación con las mujeres es que el paciente desprende su comienzo de enfermedad.
Él dice no entenderlas, dice “son impredecibles”, es una mujer la que le deshabilitó su “transferencia” para las otras mujeres. (Psicóloga que en serie con otras psicólogas en tanto “modelos maternos”, intentó seducirlo, besarlo, con sus risas histéricas.). Pero más allá de tener esa “transferencia” abierta para entender el cerebro de las mujeres, dice “aunque tuviera un manual, para estudiarlas, eso no alcanzaría para lograr la unión”… se interrumpe su discurso dice “me desconecté”.
Este acontecer nos muestra claramente lo que ocurre ahí donde un agujero en el significante se presenta. No es del orden de algo que retorna de lo real, sino que la cadena se interrumpe y luego algo se vuelve subjetivo ahí mismo donde dice “me desconecto”; entre cadena interrumpida y el significante “desconecto” hay un momento, no de perplejidad, pero suficiente para hacernos palpar algo de un real.
La obtención de un saber instrumental.
Al finalizar la presentación, se convocó al analista que lleva a cargo el tratamiento en la institución.
De sus palabras podemos rescatar algunos puntos interesantes:
- Que el paciente puede hablar de lo más íntimo, lo vergonzoso, en otro lugar: en su espacio analítico.
- Que reconoce la disminución de su “dolor psíquico” en relación al trabajo del analista (dice “el psicólogo se ocupa de mi inconsciente”) y del jefe del servicio (dice “se ocupa de mi conciencia, de mis emociones), en conjunto.
- Que el trabajo con figuras masculinas (los antes mencionados y su acompañante terapéutico) fueron en este caso singular, parte de una acertada estrategia de intervención ya que en el pasado las figuras de las diferentes mujeres que participaron de su tratamiento, cayeron sin posibilidad de retorno a su posición, en un lugar para la erotomanía.
La participación del analista en la experiencia le dio la posibilidad de recibir en ese mismo espacio, algunas orientaciones y elementos que se consideraron como instrumentales, es decir, elaboraciones causadas en la experiencia misma que son propicias para la conducción del tratamiento, así como también, algunas indicaciones para asegurar los cuidados que convienen a las condiciones sociales y familiares del enfermo. (Poner límite a los mandatos del padre, que influencian el deseo del terapeuta en relación a una eficacia, y reafirmar los lazos con amigos varones del paciente, aquellos que lo acompañaron en la internación y de los que el paciente diferencia de su “delirio paranoico”).
Conclusiones
La presentación de enfermos como experiencia es nuevamente una apuesta al sujeto, en este caso a un sujeto más allá de su clasificación. A estar presentes en su decir, sea de la palabra impuesta por su condición de estructura (en este caso el paciente habla con términos psicoanalíticos etc., es hablado por el otro) o de la palabra no impuesta, aquellas creaciones que puedan “ocurrir” en ese momento único; esto es que pueda expresarse en su singularidad por ejemplo, sentir vergüenza (es a destacar porque esto no siempre ocurre).
Esta presentación me dio la posibilidad de ser testigo, participe del reconocimiento del otro, ya que este paciente registró nuestra presencia, hizo lazo ahí mismo, y pudo compartir con nosotros su experiencia con lo real y su intento de restitución (desconexión).
Lic. Florencia Fracas
Miembro de EntreLíneasPsi
No hay comentarios:
Publicar un comentario