Para Freud la temática de los sueños apareció con mayor fuerza cuando trabajaba con la curación de las neurosis mediante el método de la asociación libre, donde les pedía a los enfermos que expresaran libremente el contenido de sus pensamientos, es ahí que los pacientes le relataban sus sueños con bastante frecuencia. Freud se encontró rápidamente trabajando con el material de sus propios sueños (que escribía con regularidad) y el de sus pacientes. El sueño tomó a partir de ese momento la misma importancia que los síntomas neuróticos, al ser también una forma de acceso al inconsciente.
Freud intenta luego relacionar los resultados de su indagación sobre el olvido de nombres propios con el fenómeno de los sueños. En el olvido de nombres propios reconocemos que los nombres evocados son sustitutivos del nombre olvidado, tomando esto en cuenta, comenzó a indagar si en los sueños sucede algo similar. Los elementos que se manifiestan en el sueño eran sustitutivos de otros contenidos inconscientes. Llega entonces a la conclusión de que el sueño es un fenómeno, una formación, que tiene un sentido.
En esta línea Freud plantea que el sueño está compuesto por el relato del sueño. Sus componentes son: el contenido manifiesto del sueño (lo inicialmente recordado) y el contenido latente (inconsciente). Los pacientes asociaban sobre el material del relato del sueño, pero poco a poco este se volvió para Freud una “vía regia” de acceso a lo inconsciente; a un deseo inconsciente, en tanto el sueño es para Freud la realización de este deseo.
El trabajo del sueño transforma el contenido latente en el contenido manifiesto. Los restos diurnos de las experiencias tenidas por el sujeto en el día antes de dormir servirán de material para la construcción inconsciente del sueño, tomado este su forma en el contenido manifiesto. Lo particular es que este llega a nuestra conciencia de manera deformada y disfrazada, está censurado, y esto sucede a partir de un mecanismo.
El mecanismo se pone en marcha a partir del conflicto entre el deseo inconsciente, que impulsa y demanda ser reconocido por el sujeto, y una instancia represora –yo- que fuerza su desalojo. Una vez reprimido se genera una formación (el sueño), y la realización de deseo se logra al tomar este una forma desfigurada, sirviéndose de entre otros recursos el “desplazamiento” y la “condensación”. El mecanismo de desplazamiento consiste en trasladar las características de una representación a otra. La condensación implica la comprensión de varias ideas o representaciones en una.
A modo de ejemplo presentamos una transcripción de un sueño relatado: “sueño del horno”:
“Un horno; en verdad son tres. Tres cilindros que giran como las ruedas de molino... levantando agua al costado de la casa. En su interior hay unos los panes que se ubican como en las celdas de una colmena. Todo el lugar tiene algo sagrado, algo de iglesia. Los panes van levando y se convierten en inmensos capullos, luego en trompas de perros, descomunales; una de ellas termina sobre mi nuca, me baña, me acaricia, quiere contenerme. Es porque estoy llorando, no puedo parar, debo dejar el lugar donde me crié, mudarme, un hálito de desamparo me recorre, y mi llanto inaugura algo tan nuevo que por un breve segundo me alegro de tener aún sorpresas a esta edad tan avanzada. Se fabrica una tarjeta, como esas máquinas de la suerte, mágicamente aparece esta tarjeta en mi bolsillo, y sé que es en respuesta a lo que estoy viviendo, a mi destino, y a mi llanto. Dice: “has entrado por fin a la infancia.” Siento tanta vergüenza que me encorvo, y arrodillo, y la baba de los panes cachorros es mucho menos asquerosa que el impacto que esta frase hace en mí, un hombre que de maduro pasó a mayor, y de ahí a viejo... me siento como el niño que hace las cosas mal; pesa sobre mí el desconsuelo del mundo.”
En base al análisis posterior de este relato del sueño podemos reconocer el mecanismo de desplazamiento: panes van levando y se convierten en inmensos capullos, luego en trompas de perros, descomunales, panes cachorro. El paciente frente a sus asociaciones llegó a relacionar esta serie de significantes con la infancia de sus hijos y su propia infancia, como se ve en la frase que aparece escrita en el sueño. A su vez la baba se desplaza transformándose en llanto. Y un nuevo desplazamiento es esta figuración de hombre maduro, a mayor, a viejo; pero con el agregado que todo esto condensa la figura de la infancia. Si el sueño no lo despierta en angustia es gracias a la transformación y conservación de este deseo de conservar la infancia. Y es por eso un cumplimiento de deseo. Frente al mandato de dejar el lugar donde se crió, el sueño es una formación que por un lado responde con el deseo de conservar el lugar de la infancia y por el otro de continuar creciendo.
Decimos que el sueño es una formación de “compromiso” porque al igual que los síntomas reúne por una parte la expresión disfrazada de los propios deseos inconscientes, y la censura o represión del mismo deseo. El sueño es “guardián del dormir”, en el sentido que mediante esta realización fantaseada permite al sujeto protegerse de la excitación y proseguir el descanso del dormir, al permitirle al menos una satisfacción "alucinada" de su deseo.
De igual manera puede producirse una irrupción de angustia y una falla en la función del sueño. El yo al percibir el peligro del deseo del ello inconsciente (peligro pulsional que es el núcleo genuino del peligro, la perturbación económica por el incremento de las magnitudes de estímulo) responde con angustia, y esta angustia sirve como señal para movilizar los recursos defensivos, que pueden llegar a despertar al sujeto bruscamente. Freud toma como otro ejemplo a los sueños-pesadillas que producen el despertar en los pacientes que padecen las “neurosis de guerra”, por lo tanto eran fallas en el intento de satisfacer el deseo de controlar una realidad terrible e insoportable.
Conclusión:
Si bien hay que destacar también que Freud llegó a la conclusión de que en determinados casos hay sueños prototípicos que pueden interpretarse por su correspondencia simbólica, estos solo pueden identificarse cuando el sujeto del sueño es incapaz de asociar libremente sobre el contenido del mismo.
En resumen, los sueños nos muestran la vía regia de acceso al inconsciente de cada sujeto, por esto mismo el método de interpretación de los sueños no es una interpretación universal de los símbolos ya que cada sueño remite a los significados personales inconscientes de un deseo; deseo que sólo puede descifrar el propio sujeto con la ayuda del despliegue de su cadena asociativa. Es decir el simbolismo solo aparecerá como un método auxiliar a la asociación libre, cuando esta se ve dificultada.
Lic. Florencia Fracas
Miembro de EntreLíneasPsi
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