miércoles, 29 de junio de 2011

J.Lacan- Presentación de la señora A. C


12 de marzo de 1976.

Dr. LACAN -  Bueno, dígame algo de lo que recuerda y de la manera en que llegó aquí. Creo que fue en marzo.
Sra.  A. C. - En noviembre.
Dr. Lacan - ¿Qué piensa usted de su estado?
Sra. A. C. - ¿Del estado del mes de noviembre o del de ahora?
Dr. Lacan – Del de ahora exactamente, creo…
Sra. A. C. – En este momento, estoy muy angustiada.
Dr. Lacan – Está muy angustiada, me lo han dicho. Debo decirlo, porque yo no he comenzado por hablar con usted. He obtenido algunas informaciones de las personas que la siguen, que se ocupan de usted. En este momento, está muy angustiada. ¿Cómo considera usted esta angustia?
Sra. A. C. – No entiendo.
Dr. LACAN. - ¿Qué quiere decir cuando dice que está muy angustiada?
Sra. A. C. – Bueno, el estómago se me encoge, y me pongo a sudar y a farfullar, más o menos, y soy, soy peluquera, no trabajo desde el mes de noviembre. Intenté ir a hacer unas prácticas, y tenía tanto miedo que nada me salía. Me falta confianza en mí, cuando estoy enferma, tengo demasiada confianza en mí.
Dr. LACAN- ¿Cómo ve eso? ¿Demasiada confianza en usted?
Sra. A. C. -¿Cómo lo veo? No lo veo. Lo siento.
Dr. LACAN – Puede ser que lo sienta, en fin, en eso le creo enteramente, ya que por el momento está usted en un estado completamente sereno… ¿no es así?
Sra. A. C. – Totalmente
Dr. LACAN – Sereno. Quiero decir un estado completamente sensato, ¿no es así?
Sra. A. C. –En este momento, estoy sensata, sí.

Dr. LACAN- ¿Es decir que usted considera que en ese momento en el que se siente así, a punto de obtener muchas cosas, piensa que en ese momento hay algo anormal?
Sra. A. C. – No entendí.
Dr. LACAN - ¿Piensa usted que cuando está…?
Sra. A. C. - ¿Eufórica?
Dr. LACAN – Es usted quien lo llama así.
Sra. A. C. - No soy yo quien lo llama así. Es el doctor Duhamel. Me siento eufórica. Tengo la impresión de que todo me saldrá bien, que no tengo ningún problema, que todo me va a caer del cielo, y que son espíritus que me ayudan, de que es gente muerta que me ayuda. Tengo la impresión de que están cerca de mí y que son ellos quienes me hacen actuar y actuar bien, pues yo no hago las cosas bien. Creo que lo que hago lo hago empujada por esos espíritus, justamente, y que esos espíritus me hacen hacer las cosas aceptablemente, y que tengo todos los derechos.
Dr. LACAN – Es muy gentil al confiármelo. Tener todos los derechos, ¿qué quiere decir eso?
Sra. A. C. – Quiere decir poder hacer todo lo que quiero, ya que creo que todo lo que quiero está bien. Me tomo por un ser excepcional y tengo la impresión de que tengo el derecho de decir ciertas verdades que pienso a la gente que me rodea, si bien hago escándalos. Yo suelo ser más reservada, entonces en esos momentos me acerco a las personas, incluso a personas que no conozco, tengo la impresión de que son mis amigos, me hago de amigos muy rápido.
Dr. LACAN - ¿Por qué? Por que ellos sufren…
Sra. A. C. – No sé. Al principio, la gente no se daba cuenta de que estoy enferma, porque yo tenía aire de hablar de manera sensata.
Dr. LACAN – Dígame, por ejemplo,  algo de lo que es posible cuando está usted en ese estado que usted misma nombró eufórico.
Sra. A. C. – Por ejemplo…
Dr. LACAN – Deme un ejemplo.
Sra. A. C. - Vine a París con un domador, con unas fieras. Fui al Circo de Invierno; asistí a los números del circo; estaba persuadida de que era capaz de hacer todos los números, incluso llegué a pensar que me harían hacerlos, que los haría, porque me creo excepcionalmente talentosa y apoyada.
Dr. LACAN – ¿talentosa o apoyada?
Sra. A. C. Las dos. Creo que las dos.
Dr. LACAN- Este domador, ¿cómo lo conoció?
Sra. A. C. – Su madre vive en […]. Conozco un poco a su madre, que es vidente, consejera espiritual. Yo la había visto ya dos o tres veces. Como me encontraba una situación difícil, me divorciaba de mi marido, tenía problemas. Conocí a esta señora en casa de unos amigos; ella me invitó a desayunar a su casa. Como su hijo iba a ir a París al Circo de Invierno para actuar en la Pista de las Estrellas, me quedé con ellos.
Dr. LACAN - ¿Cuándo pasó eso?
Sra. A. C. –En el mes de noviembre, poco antes de mi hospitalización.
Dr. LACAN - ¿Cómo es que terminó eso en hospitalización? ¿Qué fue lo que pasó?
Sra. A. C. – No sé exactamente lo que pasó. No puedo decirlo.
Dr. LACAN – Seguro hubo alguien que tuvo la iniciativa de traerla aquí de la mano.
Sra. A. C. – Parece que no me sentía bien, y yo pedí venir. No me sentía bien. Tenía problemas.
Dr. LACAN – Tenía problemas. ¿A qué le llama usted problemas?
Sra.  A. C. – Sufría de ciertas cosas, por ejemplo, en un momento, me dolía el vientre y tenía la impresión de parir, los dolores que sentía… no puedo decir lo que sentía, es muy difícil de expresar. Es vago, lejano; son fenómenos que ya no siento y que he explicado mal. Me da pena, además.
Dr. LACAN – De verdad no hay lugar para eso.
Sra. A. C. – Lo sé. Puede ser que usted me quiera ayudar, pero, me da pena (llora). ¿Alguien puede darme un kleenex? (se le pasa un kleenex). Perdóneme. Muchas Gracias.
Dr. LACAN -¿Desde cuando se siente capaz de ser llevada por esa ola?
Sra. A. C. –Comenzó en 1974, luego del nacimiento de mi hijo. Pero estoy segura que desde antes estaba en estado latente. He leído muchos libros de filosofía hindú, eso me ha volteado la cabeza. Me he creído “un sabio”. Llegué a la meta de una cierta evolución espiritual. Es por eso que me siento ayudada por espíritus. Me creo un ser excepcional. La reencarnación de un ser excepcional.
Dr. LACAN- ¿La reencarnación?
Sra. A. C. -… de un ser excepcional. Me creo un dios, creo que tengo poderes para castigar, creo que poseo la verdad. Durante mucho tiempo he buscado la verdad, y creo haberla encontrado.
Dr. LACAN- Corrigió.  Hace un momento dijo “creía”, y ha rectificado, dijo “creo”.
Sra. A. C. – Sí, porque ahora no creo. Creía. En este momento no me tomo por un dios. Fue en ese momento que me creía de esencia divina.
Dr. LACAN- ¿de…?
Sra. A. C. –De esencia divina… Hay que serlo.
Dr. LACAN- Como usted diga. ¿Piensa usted que son esas lecturas?
Sra. A. C. – Sí, creo que son esas lecturas.
Dr. LACAN- ¿Entonces, esas lecturas no vienen de 1974?
Sra. A. C.- No, comencé a leer dos años antes.
Dr. LACAN – Es decir que eso no viene de tan lejos
Sra. A. C. – No
Dr. LACAN – Si dice dos años antes, es 1972.
Sra. A. C. – Sí, puede ser. Recuerdo que tendía a estar deprimida. No era muy feliz.
Dr. LACAN – Dígame un poco de eso. ¿En qué es que –usted lo dijo- es algo fundado, que usted aprueba ahora, que no era muy feliz?
Sra. A. C. –Yo buscaba. Busco siempre.
Dr. LACAN -¿Qué edad tenía?
Sra. A. C-  34 años.
Dr. LACAN -¿Desde cuándo, y a causa de qué, no era muy feliz?
Sra. A. C. -Pues porque… La vida con mis padres no me satisfacía, aquella con mi marido tampoco me satisfacía. Tenía razones para ser desdichada. Busco la perfección, me es difícil encontrarla.
Dr. LACAN – Usted busca la perfección eso, es usted quien lo dice, busca la perfección.
Sra. A. C. – Siempre he sido así, cuando hago algo, lo hago muy bien o no lo hago. De la vida, busco ser feliz y hacer feliz a la gente que me rodea. Así que he tenido que luchar mucho. No he llegado a ser feliz. Pero yo creo de todas maneras que todo el mundo quiere la felicidad, todo el mundo la busca. Hay poca gente que sepa encontrarla. Así que no me sé contentar con lo que tengo. Quiero siempre más y otra cosa. Cuando leía muchas novelas, era una fuga, me hacía olvidar mi vida, pues entraba en el yo de la novela. Después, leí libros de religión y de filosofía; estaba impregnada de eso, ya no vivía normalmente. Busco una evasión. Al comienzo la encontraba en las novelas. Después la encontré en la religión.
Dr. LACAN - ¿Es una religión que usted misma eligió?
Sra. A. C. – Sí, uno siempre elige. Una religión aparte, que estaba hecha un poco de lo que había leído.
Dr. LACAN – Entonces, es interesante eso. ¿Qué libros son? Debe usted acordarse.
Sra. A. C. – Los libros que he leído, sí. He leído pasajes de la biblia, sobre todo el libro de la Sabiduría. He leído obras…
Dr. LACAN – No es un texto muy euforizante; eso trae, claro está, muchas preocupaciones.
Sra. A. C. –Son preocupaciones que creo resolver. Creo haberme convertido en… Estaba inspirada por esas cosas, me conducía bien en la vida.
Dr. LACAN – ¿Estaba inspirada por qué? ¿Por ejemplo en el libro de la Sabiduría?
Sra. A. C. –No lo leí mucho. Es una manera de vivir. Lo conseguía. Había luchado mucho contra mí.
Dr. LACAN - ¿Es una manera de vivir?
Sra. A. C. – Que no tiene nada de exuberante.
Dr. LACAN –Creo que esa palabra está muy bien elegida.
Sra. A. C. –No, pero como creo haber llegado a una perfección, eso me pone eufórica.
Dr. LACAN – No podría decirse que de momento usted esté… (ademán hacia arriba)
Sra. A. C. – oh no, por el momento no estoy ahí. Estoy abajo.
Dr. LACAN -¿Es capaz de ponerse así, con el recuerdo? ¿Es capaz de nombrar los sentimientos que tenía entonces en sus relaciones con los espíritus, por ejemplo? Esos espíritus, ¿son los espíritus de quién? Es siempre eso lo que uno llega a preguntarse… no es cómodo…
Sra. A. C. ¿Definirlos? Creo que es gente  que está muerta, que he conocido, que me quieren ayudar, es muy confuso.
Dr. LACAN -¿Quieren ayudarla en nombre de qué?
Sra. A. C. Para que yo me ayude.
Dr. LACAN –Puesto que dice “los he conocido”, ¿eran personas que estaban en su ascendencia?
Sra. A. C. –Sí, eso. La gente, por ejemplo, mi abuela, mis abuelos que están muertos, que me hacen hacer cosas. Por ejemplo, he abofeteado a mi madre, y tenía el sentimiento de que no era yo quien la abofeteaba.
Dr. LACAN - ¿Qué no era usted?
Sra. A. C. – Que alguien hacia funcionar mi brazo.
Dr. LACAN – Pero eso no destroza un sentimiento muy cariñoso por su madre.
Sra. A. C. –Seguro que no, pero yo pensaba que era mi abuela que… por que mamá se merecía las bofetadas.
Dr. LACAN - ¿Las merecía?
Sra. A. C. -Así yo lo interpreto. Pensaba que mi madre merecía eso. Le he dicho cosas muy desagradables a mamá.
Dr. LACAN. –Deme una idea. Llegamos ahí por…
Sra. A. C. –La traté de pinche burguesa, ella estaba con mi padrastro, y le dije…
Dr. LACAN. -¿Su padrastro?
Sra. A. C. –Mamá se volvió a casar desde hace dos años; frecuentó a un señor durante mucho tiempo sin quererse dar a él, porque ella se quería casar. La he maltratado, he sido muy grosera con ella… no encuentro las palabras porque, si usted quiere, soy dos personajes, la persona que soy ahora y la persona enferma, a tal punto distinta que no uso el mismo vocabulario… hago cosas contrarias a las que hago actualmente. Le dije que había dado cariño a ese hombre para casarse, que lo había hecho infeliz, que era una pinche burguesa. La he abofeteado, pero es incoherente lo que digo; usted me pide recordar cosas incoherentes,  es difícil, son inconsecuentes.
Dr. LACAN -¿No tienen consecuencias?
Sra. A. C. –Salto de un tema a otro, no tienen relación. Pienso en lo que digo en un momento dado, y cinco minutos después es otra cosa.
Dr. LACAN - ¿Cuál era su relación con el tal padrastro?
Sra. A. C. –No tuve tanta relación con él. No tuve relación. Él estaba con mamá, lo vi tres o cuatro veces. Le hablaba como a alguien  que te presentan, no tuve relación con él. Es con quien madre se casó, es todo.
Dr. LACAN - ¿Y su padre?
Sra. A. C. –Mis padres estaban divorciados.
Dr. LACAN- ¿Estaban divorciados sus padres? ¿Tenía usted qué edad?
Sra. A. C. –Ya estaba yo casada.
Dr. LACAN –Dice: “ya estaba yo casada”.
Sra. A. C.- Porque mi padre esperaba que me casara para dejar a mi madre.
Dr. LACAN – Sí, ¿Y por qué esperaba eso?
Sra. A. C. – Así, porque pensaba que había que educar a sus hijos hasta el final.
Dr. LACAN.- Su padre,
Sra. A. C. – Sí, pero estoy disgustada con él. En 1974, cuando caí enferma, me acerqué a mi padre. Le dije lo que tenía en el corazón, que nos había educado mal, Le dije un montón de cosas desagradables, que su mujer era una puta…
Dr. LACAN- ¿Su mujer?
Sra. A. C. –Porque mi padre se volvió a casar. Mi padre dijo a mi marido que para curarme necesitaba unas patadas en el culo.
Dr.  LACAN –Sí, y su marido, entonces, hábleme de…
Sra. A. C. (indecisa)
Dr. LACAN- Disculpe, ¿eso le molesta tanto?
Sra. A. C.  – No, mi marido, es un buen tipo, alguien muy gentil, alguien a quien he hecho sufrir y a quien seguro no amo suficientemente.
Dr. LACAN -¿Y cómo es eso? Ya que habla de esa manera, ¿podría dar testimonio de ello?
Sra. A. C. –Es que es así, no lo amo suficientemente.
Dr. LACAN- ¿No suficientemente?
Sra. A.C. –Para darle lo que él me da. No lo amo lo suficiente para hacerlo feliz, lo hago infeliz. Es por eso que seguido quiero dejarlo, cuando estoy bien. Cuando estoy mal lo necesito.
Dr. LACAN -¿Viene a verla aquí? Yo sé, no hablaremos de la ciudad donde usted funciona habitualmente. ¿Quiere hablar? ¿En dónde está?
Sr. A. C. –No viene mucho a verme porque yo no lo quiero ver. Me estaba divorciando, no quería verlo. Cuando comencé a estar muy mal, a deprimirme, le pedí al Dr. Duhamel que le hablara a mi marido para verlo. Y vino.
Dr. LACAN- ¿Y ese divorcio?
Sra. A. C. –Hice anular el proceso de divorcio.
Dr. LACAN – Ah si, ¿y a nombre de qué usted quería…?
Sra. A. C. -¿Divorciarme?
Dr. LACAN. –Si
Sra. A. C. –Porque le digo, no amo…
Dr. LACAN. ¿Tenía relaciones con otro?
Sra. A. C. –No es eso lo que me hacía divorciarme, no era para irme con otro; quería vivir sola, me di cuenta de que no era capaz.
Dr. LACAN- ¿Quiénes eran, si puedo permitirme preguntárselo, estas otras personas?
Sra. A. C. –Hubo algunas, pero no tantas
Dr. LACAN. ¿De qué orden? Cuando usted fue llevada por esta inspiración, me dijeron que…
Sra. A. C. – ¿Que me acostaba con quien fuera? Es cierto. Porque hablo con la gente un poco. Me siento muy ligada. Si usted quiere, cuando soy exuberante, la gente que me rodea, mis amigos, ya no me entienden. Tienden a dejarme. Como me falta afecto, voy a buscarlo a otro lado. Hablo con la gente. Tengo la impresión de que me quieren, de que los quiero, y tengo relaciones.
Dr. LACAN - ¿Qué relaciones?
Sra. A. C. –Relaciones sexuales, si usted quiere.
Dr. LACAN -¿Qué es lo que las relaciones sexuales…?
Sra. A. C. –Usted sabe, lo que hacía en esos períodos, no me daba cuenta.
Dr. LACAN, ¿Qué hace? ¿Aborda a alguien?
Sra. A. C. -No, no abordaba a la gente en la calle, la gente me hablaba, y yo me dejaba abordar fácilmente.
Dr. LACAN –Si.
Sra. A. C. –Entonces, soy muy alegre, sonrío, y eso atrae a la gente a conversar. Le digo, al inicio no se dan cuenta de lo que soy, me toman por alguien original. La gente se interesa en mí.
Dr. LACAN -¿Eso a qué lleva? ¿A qué punto? ¿A encuentros frecuentes? Se le ocurre, no sé
Sra. A.C. -Usted sabe, dura poco tiempo, tres o cuatro días; no hay tiempo de hacer tantas cosas.
Dr. LACAN –Es eso lo que me asombra. ¿No sabe quién la ha traído?
Sra. A.C. –Fue mi madre y mi padrastro y los amigos que estaban en mi casa, yo pedí que telefonearan.
Dr. LACAN -¿Usted lo pidió?
Sra. A. C. –Quería venir aquí para probar que la primera vez me habían encerrado por nada.
Dr. LACAN – ¿Hay una primera vez?
Sra. A. C. –Sí.
Dr. LACAN –Cuénteme. ¿Cuándo fue?
Sra. A. C.  –Después del nacimiento de mi hijo.
Dr. LACAN ¿Qué pasó, entonces, en el nacimiento de su hijo?
Sra. A. C. –Ya no sé, estaba feliz, y luego me puse a delirar [debloquer], no se por qué. Como deliraba, la gente que estaba en mi entorno comenzó a rechazarme a partir de entonces.
Dr. LACAN -¿Cuándo?
Sra. A. C. –Tenía un amigo en ese entonces. Le hice tal escándalo que estuvo obligado a rechazarme.
Dr. LACAN –Si escuché bien lo que se me dijo, no tenía sólo un amigo.
Sra. A. C. –No, tenía dos. Tenía dos, porque tenía uno que no me podía contentar en el plano sexual, uno que quería. Los quería a los dos porque me daba cada uno cosas distintas.
Dr. LACAN -Si… Eran estas personas de […]
Sra. A. C. –Tenía una persona de […] y una de París.
Dr. LACAN -¿Quién era la persona de París? ¿El que no la satisfacía?
Sra. A. C. -Así es. Es un hombre que tenía muchas cualidades, que yo admiraba profundamente. Lo amaba. Uno puede amar a alguien aún si no te contenta en el plano sexual, si esta persona vale y además te ama.
Dr. LACAN –En efecto no es nada imposible. ¿Cómo sabía que esta persona la amaba?
Sra. A. C. –Como era alguien muy ocupado, si no me hubiera querido no me hubiera visto; eso le tomaba mucho tiempo. Uno no sale con alguien, con una persona que le es indiferente.
Dr. LACAN. -Si. ¿Quién era, más o menos, en  la sociedad?
Sra. A. C. –En la sociedad estaba muy bien. Un contador y al mismo tiempo promotor. Alguien con mucho valor moral y…
Dr. LACAN. -¿Y la otra persona?
Sra. A. C. –De un medio muy acomodado también. Un asegurador que tenía una oficina muy grande. No los escogía así. Pero se daba así.
Dr. LACAN. -¿Quiere decir que usted no hacía su elección en función del medio social?
Sra. A. C.-No, se daba así.
Dr. LACAN. – Se daba así, pero ¿cómo se eslabonaba? ¿En ocasión de qué llegó usted a esos encuentros?
Sra. A. C. –En la vida, gente que conocía, parejas que conocía. No eran personas que encontrara en la calle. No, incluso cuando estoy enferma no puedo acostarme con alguien que no conozco. Me tengo que enamorar. En la época de mis relaciones, yo era completamente normal, me parece.
Dr. LACAN. –Sí, ¿no venía eso ligado a la existencia de espíritus?
Sra. A. C. -Quiere usted decir que eran los espíritus; no, en esa época no pensaba en los espíritus.
Dr. LACAN. -¿Qué quiere decir cuando habla de su aspiración a la perfección?
Sra. A. C. -¿Qué quiero decir? Hacer lo mejor en todo, mejorar constantemente. Eso importa mucho para mí. Si usted quiere, conocía gente que admiraba, y quería ser como ellos, tan inteligente como ellos. Quería ser perfecta. Por eso estoy tan deprimida, porque veo que en lugar de avanzar retrocedo en todas las cosas.
Dr. LACAN. –Es posible que vaya un poco lejos al pensar que es incapaz de hacer las cosas, porque después de lo que me han dicho, usted ha retomado su oficio.
Sra. A. C. –He intentado retomarlo.
Dr. LACAN. –Sí, ¿y entonces?
Sra. A. C. –Fui a hacer unas prácticas esta semana y fue deplorable. Me dije: no conseguiré hacerlo. Efectivamente, me paralizo, y no puedo hacer las cosas. Es patológico. Para mí el trabajo es algo muy importante, y no consigo hacerlo. Es terrible para mí, es terrible, porque me gusta mi trabajo, es parte de mí, es más, a mis ojos me hace valer.
Dr. LACAN. –En fin, usted sabe muy bien que es una persona muy capaz. ¿No lo sabe?
Sra. A. C. –No, era muy capaz.
Dr. LACAN. –Es más que probable que usted reencontrará sus capacidades.
Sra. A. C. –Lo dudo, en este momento me equivoco en todo lo que hago.
Dr. LACAN – ¿Sabe aún la peluquería?
Sra. A. C. –Sí.
Dr. LACAN. – ¿En qué se ha equivocado?
Sra. A. C. – Los cortes de pelo, por ejemplo, no consigo hacer el trabajo correctamente, no consigo hacerlo.
Dr. LACAN. – Pero ya que ha sido capaz de hacerlo, hay todas las posibilidades.
Sra. A. C. –Pero mientras tanto, la moda ha cambiado, hay otras cosas que hacer, otras cosas que aprender, y no me siento capaz de aprenderlas perfectamente.
Dr. LACAN. – Bueno, entonces nos encontramos ante el recuerdo de un estado que usted misma califica de exuberante, y entonces actualmente, no podemos decir que sea normal. ¿Qué piensa usted?
Sra. A. C. –No, yo creo que me subestimo.
Dr. LACAN. -¿Que no volverá a encontrar sus facultades?
Sra. A. C. –Ex exactamente lo opuesto de lo que soy cuando estoy enferma.
Dr. LACAN. –Sí, puede ser que usted esté enferma ahora porque eso existe, sus estados oscilantes.
Sra. A. C. -Sí, estoy enferma en este momento, seguramente.
Dr. LACAN. –Si, entonces aún puede pensar que va a encontrar un estado medio.
 Sra. A. C. –Lo deseo.
Dr. LACAN. –Lo desea, y no es algo inverosímil.
Sra. A. C.-Eso espero.
Dr. LACAN. -¿Va a regresar con su marido y su hijo?
Sra. A: C. –Sí.
Dr. LACAN. -¿Cuándo?
Sra. A. C. –No sé.
Dr. LACAN. -¿Va a confiar en la opinión de los médicos?
Sra. A. C. – Sí, claro.
Dr. LACAN –Ahora me gustaría que diera una idea de eso que le llega cuando está usted en esos estados, digamos de inspiración.
Sra. A. C. ¿Lo que me llega? No se nada.
Dr. LACAN -¿Pero cómo se presenta eso para usted?
Sra. A. C. –No puedo decirle, no lo se.
Dr. LACAN- ¿Cómo se hacen sentir esos “espíritus”? ¿Son todos esos espíritus del tipo de su abuela? ¿Personas que son, puede ser, de linaje?
Sra. A. C. –Sí, creo que sí.
Dr. LACAN. –Eso, usted cree.
Sra. A. C. –Pero ahora no lo creo.
Dr. LACAN. –Pero en ese momento, lo creía.
Sra. A. C. –Sí, creo que son espíritus que me ayudan, que me hacían…
Dr. LACAN. Sí, ¿a qué tiempo se remonta eso?
Sra. A. C. –Ya le dije, en 1974.
Dr. LACAN. –No, en su genealogía, lo que piensa de los espíritus que la ayudan.
Sra. A. C. –A mis abuelos, es todo. A los otros no los conocía, pero pienso que hay espíritus… pienso primero en mis abuelos, pero no pienso tanto, reacciono. Cuando estoy enferma, no pienso mucho, por eso es difícil de explicar. Reacciono.
Dr. LACAN. –Eso es.
Sra. A. C. –Después, cuando hay que explicar… Creo que se me ayuda, y cuando me siento ayudada, reacciono. No quiero quedarme quieta, no duermo, y tengo tendencia a beber whisky, tengo tendencia a beber, porque tengo sed, y tengo ganas de beber alcohol, pero no soy ebria. Tengo tendencia a gastar dinero, a hacer regalos a todo el mundo.
Dr. LACAN. –Sí, eso la puede meter en deudas.
Sra. A. C. - Si, aunque esta vez no he ido demasiado lejos.
Dr. LACAN. -¿Esta vez, que quiere decir con eso?
Sra. A. C. –He disipado menos cosas que la primera vez.
Dr. LACAN. –La primera vez, es la primera vez que estuvo…
Sra. A. C. –Hospitalizada.
Dr. LACAN. –Hospitalizada aquí. ¿Cuándo fue eso?
Sra. A. C. –Después de que nació mi hijo, en 1974.
Dr. LACAN. –Sí, me dijo.
Sra. A. C.  –En ese momento quiero a todo el mundo. Tengo ganas de dar a todo el mundo. Encuentro algo amable en cada persona, y quiero a todo el mundo. Escucho a todo el mundo, me acerco a todo el mundo. Porque encuentro que todo el mundo tiene algo. Como me quiero mucho en ese momento, quiero a los demás. Cuando no me quiero, como ahora, no quiero a los demás.
Dr. LACAN. –Tiene usted cierta edad, tiene 34 años. ¿Cuándo pudo percibir eso? Ese movimiento que acabo de llamar así, exuberancia, depresión, así. ¿Es capaz de recordar, cuándo comenzó, en su pasado?
Sra. A. C. –No, para mí comenzó… pienso que es mi lectura lo que me influyó, que descubrí que en esta vida uno puede ser feliz en la tierra incluso con malestares; tanto quería sentirme feliz que me creía feliz. Me hice una película.
Dr. LACAN. – ¿No veía a veces la aparición de su vacío [creux], si puedo decirlo así? ¿No veía aparecer algo antes de la lectura?
Sra. A. C. –No, sí usted quiere, pudo comenzar muy pronto, cada vez que leía… cuando leía algo, me identificaba con el personaje. Entonces no se.
DR. LACAN –Se identificaba… ¿qué novelas son?
Sra. A. C. –Leía mucho, leía toda clase de novelas. Cada vez que leía una novela, me deprimía.
Dr. LACAN –Y después, ¿qué no la deprimía?, ya que había dos fases, ¿qué la inflaba?
Sra. A. C. ¿Qué me inflaba? No estaba inflada cuando leía las novelas. Estaba con el personaje de la novela, ya no estaba en la tierra. Eso pasa a mucha gente. Estaba en la novela.
Dr. LACAN. -¿A partir de cuándo comenzó eso, ese apego a los libros?
Sra. A. C. Libros de qué… ¿filosofía, religión?
Dr. LACAN- Hay dos cosas, los libros de filosofía y religión, y luego las novelas que tenían una función que usted recuerda como análoga.
Sra. A. C. –No entendí lo que acaba de decir.
Dr. LACAN. –Usted recuerda que las novelas han tenido la función de los libros de religión y de filosofía, fue usted quien lo dijo.
Sra. A. C. –Trato de explicar las cosas. Tengo la impresión de que toda la gente que lee libros siente la atmósfera del libro. Cuando uno está desmoralizado y va a ver una película alegre, uno ya está más alegre; durante el tiempo de la película, uno está en la película como se está en el libro. Leía mucho, primero porque me gustaba, luego eso me hacía salir de mi vida.
Dr. LACAN -¿Qué educación recibió usted? ¿Por qué escuelas pasó?
Sra. A. C. –Llegué hasta primero.
Dr. LACAN –Hasta primero, ¿dónde?
Sra. A. C. –En el liceo de París.
Dr. LACAN. –Y ¿qué hizo al final, lo abandonó?
[Aquí falta un fragmento]
Sra. A. C.- Tenía una relación que comenzó cuando tenía 25 años.
Dr. LACAN. Usted estaba…
Sra. A. C. –Estaba casada.
Dr. LACAN. –Estaba casada, ¿y no había nada igual a eso que llamamos una relación antes de casarse?
Sra. A. C. -Oh sí, yo había conocido a un muchacho antes de mi marido.
Dr. LACAN. -¿Sí, a qué edad?
Sra. A. C. -17 años.
Dr. LACAN. -¿Fue una relación duradera?
Sra. A. C. –No, no duró mucho tiempo. Había conocido a ese muchacho de vacaciones, yo vivía en París y él en Burdeos. No nos veíamos seguido. Entre tanto, conocí a mi marido, me casé, porque quería dejar a mis padres. Mi madre me hartaba, y no me sentía bien.
Dr. LACAN. Entonces, volvamos al libro de la sabiduría, que no me parece pudiera darle el sentimiento de que era de esencia divina; no es el estilo.
Sra. A. C. –Al leer esos libros, me sentía una sabia, porque tenía la impresión de hacer… no era perfecta, claro, pero quería tender a la perfección. Entonces leí el libro de la sabiduría y me sentí muy bien, y pensaba que con un poco de esfuerzo alcanzaría la sabiduría. Uno acaba por creerlo. Después, cuando me creí perfecta y de esencia divina, creí que tenía el derecho de vivir lo que yo quería, que tenía el derecho de castigar a la gente.
DR. LACAN. –De castigar… ¿De qué manera los castigaba?
Sra. A. C. –Diciéndoles lo que pensaba de ellos. Creía que tenía el derecho de decírselo. Gente que me había hartado, que había aguantado mucho tiempo, decirles lo que pensaba, le dije la verdad.
Dr. LACAN. -¿Cuáles son los otros libros que en suma usted hace responsables?
Sra. A. C. –Leí no mal los libros de Aurobindo, y luego libros sobre la India, ya no me acuerdo. Luego leí el libro Los Grandes Iniciados, de Edward Schure. Lo leí, releí y releí, y creía que era alguien como ellos. Leí libros sobre los místicos también. Pero hace mucho. Hace dos años que ya no leo.
Dr. LACAN. –Hace dos años que ya no lee.
Sra. A. C. –No, ya no me interesa. Las novelas me aburren, los libros de filosofía, ya no quiero tocarlos. He leído algunas novelas, así, pero muy pocas cosas. Leo libros históricos, pero muy pocas cosas, porque estoy muy ocupada.
Dr. LACAN. - ¿Muy ocupada en qué?
Sra. A. C. –Por mi trabajo, el cuidado de la casa, los hijos. Estaba muy ocupada, no tenía tiempo de leer.
Dr. LACAN. -¿Cuánto tiempo duraron sus lecturas? En ese entonces, no obstante, eran lecturas en las que usted pasaba mucho tiempo.
Sra. A. C. –Oh sí, cada vez que tenía un momento.
Dr. LACAN – ¿Era sólo cada vez que tenía un momento?
Sra. A. C. –Entre dos clientes leía. Tenía más tiempo en esa época.
Dr. LACAN. -¿Qué quiere decir?
Sra. A. C. –Tenía más distracciones. Me gustaría fumar un cigarro, por favor.
Dr. LACAN –Claro (le enciende un cigarro) ¿Hace cuánto que fuma?
Sra. A. C.  –Hace mucho, tenía catorce años. Ahora fumo mucho más.
DR. LACAN. –Sí.
Sra. A. C. –Cuando estoy alterada, cuando estoy muy deprimida, fumo mucho.
Dr. LACAN. –Sí.
Sra. A. C. -Eso me inquieta, por ejemplo, no llegar a encontrar el momento en que comencé a ser diferente. No me doy cuenta.
Dr. LACAN. –Eso me inquieta también, no el momento preciso, sino desde hace cuánto eso oscila así.
Sra. A. C. –De todas maneras, siempre he estado o deprimida o demasiado feliz. Me pongo feliz sola.
Dr. LACAN. –Entonces, usted sabía que estaba… todo está ahí. ¿Cuándo usted sabía, como dijo, que estaba o deprimida o demasiado feliz, ya que así lo veía?
Sra. A. C. ¿Desde cuándo?
Dr. LACAN. – ¿Usted sabía que estaba así?
Sra. A. C. -¿Qué estaba cómo? Todo el mundo tiene fases de depresión en la vida, se siente triste y feliz en otros momentos. De todos modos, yo tenía razones para estar alegre razones para estar triste.
Dr. LACAN. –Las razones, es justo lo que uno aprecia mal.
Sra. A. C. –No siempre he sido una enferma mental porque…
Dr. LACAN. ¿Porque?
Sra. A. C. –Porque yo era alguien de bien, creo.
Dr. LACAN. –Estoy totalmente convencido de que no lo era, usted es alguien de bien.
Sra. A. C. –Todo mundo es alguien de bien, de todas maneras. Quiero decir que no perdía la cabeza.
Dr. LACAN. -¿No tenía algún pequeño signo de perder la cabeza antes de la época más reciente?
Sra. A. C. – Es cuando comencé a querer ser perfecta. Tenía tal necesidad de afecto, quería ser perfecta, quería ser mejor. Cuando lo hacía, estaba feliz, pero muchas veces era contra mi voluntad. Entonces estaba triste. , porque me decía, es muy duro ser perfecta.
Dr. LACAN. –Usted sabe que no es de ayer que está así, con estas reacciones, la que más sorprende es esa tristeza que sigue a eso que usted misma llama su euforia.
Sra. A. C. –Cuando uno vuela muy alto, cae.
Dr. LACAN. –Ahí está todo. ¿Desde cuándo?
Sra. A. C. –No se.
Dr. LACAN. -¿Cuándo estaba en el Liceo, había algo que se pareciera a eso?
Sra. A. C. –Cuando estaba en el Liceo, cuando era joven, estaba con mis padres. Mis padres discutían todo el tiempo, no era la vida soñada. Además, estaba gorda, me sentía infeliz. Mis padres no entendían que eso me hacía muy infeliz.
Dr. LACAN. - ¿La hacía muy infeliz estar gorda?
Sra. A. C. -Me acomplejaba, si usted quiere.
Dr. LACAN. -¿A qué llama usted estar gorda?
Sra. A. C. Tener veinte kilos más que ahora, es estar gorda.
Dr. LACAN. –Cuánto pesaba en ese momento?
Sra. A. C. –Pesaba casi setenta kilos, ahora peso cincuenta.
Dr. LACAN. -¿Cómo ocurrió eso?
Sra. A. C. –Progresivamente, en el curso de los años perdí uno o dos kilos cada año.
Dr. LACAN. -Los perdió porque usted…
Sra. A. C. –Porque puse cuidado, hice régimen.
Dr. LACAN. –Usted…
Sra. A. C. Por ejemplo, cuando tenía ánimo, lograba seguir mi régimen, pero cuando me sentía desanimada, tenía bulimia, tenía tendencia a comer. Ahora tengo cuidado. Cuando me siento bien como normalmente. Ahora ya no se cuándo me siento bien.
Dr. LACAN. –No me lo parece… usted misma tuvo ahí abajo una fluctuación…
Sra. A. C. -¿Sobre qué?
Dr. LACAN. –Sobre el hecho de que cuando usted se sentía bien seguía un régimen.
Sra. A. C. –No, pero ahora no logro saber si estoy bien. No logro saberlo.
Dr. LACAN. –Entonces, ahora, ¿cómo se siente? Ahora, no puede decirse que usted esté…
Sra. A. C. –No, pero tengo ganas de comer. Como tengo ganas de fumar, tengo ganas de dormir, duermo bien.
Dr. LACAN. -¿Duerme bien?
Sra. A. C. –Sí, es una fuga, el sueño. No soy feliz, estoy deprimida, cuando duermo me olvido de todo.
Dr. LACAN. –Por ahora, queda algo estable en su vida, a saber este muchachito, su hijito, y su marido. Es a pesar de todo algo que tiene.
Sra. A. C. –Sí, pero ya ve usted, cuando estoy en mi casa el fin de semana no me ocupo muy bien de mis hijos. Después, hace mucho que no estoy con ellos.
Dr. LACAN. ¿Desde cuándo?
Sra. A. C. –Desde el mes de noviembre. Mi muchachito quiere estar siempre con su padre, yo no se me ocupar muy bien, no tengo paciencia.
Dr. LACAN. -¿Qué hace su padre?
Sra. A. C. –ES peluquero, como yo.
Dr. LACAN. -¿También, no trabajan en la misma empresa incluso?
Sra. A. C. –Sí, trabajamos en el mismo salón, donde yo voy trabajar.
Dr. LACAN. ¿El es muy sólido, muy paciente?
Sra. A. C. –Sí, el es muy bueno para mí, me quiere mucho.
Dr. LACAN. –Adiós, querida. Venga, va a recobrar… simplemente, está advertida de que es capaz, en ciertos momentos, de confundir la gimnasia con la magnesia [prendre des vessies pour des lanternes].
Sra. A. C. –Sí, claro.
Dr. LACAN. –Adiós.
[La señora sale.]
Dr. LACAN. –No es un caso que uno pueda meter en el saco del maniaco-depresivo. Es un modo de salir bien parado, pero…
Dr. DUHAMEL. ¿Cree usted que no es una psicosis cíclica?
Dr. LACAN. –Es cierto que tranquiliza pensar eso. Es tranquilizante, permite prever lo que se ve en los demás. Pero me parece demasiado tranquilizante para que confíe. No estoy del todo convencido. En otros términos, otro diagnóstico no me parece nada impensable.
Dr. DUHAMEL: No es un argumento de gran peso, pero su madre presentó una melancolía. Estuvo hospitalizada en Châlons-sur-Marne. El factor familiar permitiría un lazo clásico.
Dr. LACAN. –En fin, ella está bien.
Dr. DUHAMEL. –El diagnóstico de histeria fue evocado por Czermak. Fue idea de Czermak evocar el diagnóstico de histeria.
Dr. LACAN. –Pero…
Dr. DUHAMEL. –Ha presentado fenómenos alucinatorios. No lo habló.
Dr. LACAN. –No lo ha hablado porque no era fácil que yo consiguiera hacerla hablar. Usted, usted la vio en el momento en que se producían los fenómenos alucinatorios
Dr. DUHAMEL. –Hace dos años, la vi en ese momento. Olvidé lo esencial de lo que me dijo, si no es que una noche, ella se sentía… debía darle el biberón a su hijo, se sentía incapaz de hacerlo. Pero al mismo tiempo estaba segura de que los espíritus irían a suplirla, y en ese momento, el niño estaba en la otra pieza, ella vio la cuna con pequeñas manos que bailaban alrededor de la cuna, que alimentaban a su hijo. Y luego, en la mañana, el marido se había parado en la noche a alimentar al hijo. Ella tenía la certeza de que podía anticipar todos los sucesos. Y había en ese momento esta convicción de prever todo lo que los demás iban a hacer. Fue un momento muy breve.
Dr. LACAN. –No es convincente.
Dr. CZERMAK. –Lo sé.
Dr. LACAN. –Eso estaba más en el orden de una representación mental. La psicosis maniaco-depresiva no me parece importante. No considerarla importante le deja creer que hay algo sobre lo que se puede actuar. No sé si no se puede intentar una relación analítica.
Dr. CZARMAK. –Nunca hemos tenido el sentimiento con ella de tener algún asidero.
Dr. LACAN. –Voy a volver a verla, la veré el próximo viernes.

Agradecemos la traducción de Gabriel Meraz Arriola.

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